Además de los impresionantes avances tecnológicos, haría falta un gran giro en la mentalidad de la sociedad. Pero algunos aventuran que en poco más de 40 años la legislación permitirá el casamiento entre humanos y robots ¿Tú lo harías? ¿te interesa?
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Para David Levy, investigador de inteligencia artificial en la Universidad de Maastricht (Holanda), el estado de Massahussetts será el primero en permitir el casamiento de humanos y robots, para el año 2050
¿En qué se basa para decir eso? En que ese estado ha sido siempre el más liberal dentro de una cultura liberal como la norteamericana, y como prueba de ello cita que ese fue el primer estado que permitió en EEUU el casamiento entre personas de distinta raza, o entre personas del mismo sexo. Además, hay radicados en ese estado grandes centros de desarrollo tecnológico, como el MIT.
Estas afirmaciones han causado un gran revuelo en la comunidad científica mundial, pero analizando las cosas detenidamente podemos ver que la situación puede cambiar muy pronto.
Por empezar, los avances tecnológicos son cada vez mas vertiginosos, por lo que hoy muchas cosas que vemos como normales nos hubieran parecido de ciencia ficción hace apenas 20 años.
Algo tan sencillo como navegar la web solo comenzó a ser algo común y globalizado hace apenas 11 o 12 años, así que mira cuantas cosas pueden cambiar. ¿Alguna vez imaginaste que un robot podría oficiar la ceremonia de tu casamiento? En Corea ya ha sucedido.
De modo que desde el punto de vista tecnológico está claro que los robots son cada vez más reales estéticamente, y más inteligentes y capaces de interactuar. Y cuando comentamos la posibilidad real de tener sexo con robots habrás visto reacciones de lo más variadas.
Por ello lo primero que debería cambiar para que los humanos podamos casarnos con un robot será la mentalidad. En primer lugar, la de los legisladores y luego la de todos los que conformamos la sociedad.
Entonces, tal como lo plantea Levy, habría que ver si un humano es capaz de enamorarse de un robot. Levy asegura que sí, y para ello enumera algunos de los factores que inciden para que un ser humano se enamore. En primer lugar, la similitud en personalidad y en cultura general. Algo que es fácilmente programable.
Otra razón para el enamoramiento es el saber que el otro te quiere o te adora, algo también muy fácilmente programable en un robot. Por ello, tanto Levy como Henrik Christensen, fundador de la Red de Investigación de Robótica Europea, los humanos podríamos llegar a enamorarnos de un robot. Y si nos enamoramos, la pregunta es porque no podriamos casarnos...
Por ello en esto entran a jugar otros factores, como la ética o la razón. Si estás enamorado de tu coche ¿Te casarías con el? Muchos argumentarán que no se puede, porque el auto no tiene consciencia, ni es posible interactuar demasiado con el. ¿Y si amas a tu mascota? Ahora el argumento anterior no tiene sustento, puesto que puedes interactuar con ella.
De modo que la discusión es mucho más amplia, y debe ser evaluada junto con varios aspectos. En primer lugar habría que ver la utilidad real de un casamiento entre humanos y robots. Para Levy, ello podría ayudar a la felicidad de una minoría que en la actualidad no ha logrado formalizar.
Ya sea por lo difícil de su caracter, o porque son tímidas, o porque sencillamente son feas, algunas personas lo tienen realmente difícil para encontrar a su media naranja. Y Levy argumenta que ayudar a esa minoría (o no tanto) mejoraría la calidad de vida de la sociedad en general.
Pero habría que estar muy atentos a ciertos aspectos como la salud mental de quienes se casen con un robot. Todos hemos sufrido alguna vez la muerte de un ser querido, ya sea familiar, o amigo, y ya sabemos que es un duro momento. Pero supongamos que te casas con un robot, y este deja de funcionar ¿Cómo serían el duelo y el dolor en ese caso? ¿Y el respeto por los sentimientos de los robots? También es un aspecto importante, porque algunos ya son capaces de sentir, y de expresarlo.
Otro argumento de Levy, compartido por Christensen) es que habiendo robots con los cuales poder tener sexo ayudaría a reducir enormemente la pedofilia y la prostitución infantil. Aunque Christensen deja abierta la puerta para futuras investigaciones que puedan demostrar si realmente los pedófilos dejarían de serlo si pudieran tener sexo con robots niños.
También habría que considerar otros aspectos como los legales, y si el contar con un robot sexual puede ser considerado adulterio. Y eso es algo que seguramente abrirá un gran debate ético y legal.
Como ves, hay veces que la tecnología ya está disponible pero su uso genera debates, la gran mayoría de ellos sumamente válidos y atendibles. Después de leer todo esto, ¿Tu te casarías con un robot?
viernes, 4 de diciembre de 2009
Intel anuncia implantes cerebrales para 2020
En Pittsburg, Intel Corporation está trabajando seriamente en el desarrollo de implantes cerebrales que les permitan a las personas navegar por Internet, controlar pequeños gadgets y otras acciones concretas que hasta hace pocos años podrían haber sido consideradas como ilógicas e impropias de un ser humano. A pesar de los variados y valiosos implantes que ayudan a muchas personas alrededor del mundo a escuchar mejor o a ver mejor, ¿tú crees que llegará el momento en que con la mente podamos navegar por la Web u operar con facilidad la flamante telefonía móvil sin necesidad de utilizar ninguno de nuestros sentidos?
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El sueño de controlar todo tipo de dispositivos electrónicos que se encuentren a nuestro alrededor es materia de estudio por parte de Intel Corporation, que estima que para el año 2020 ya existirán personas con implantes cerebrales que serán capaces de operar dispositivos tales como teléfonos inteligentes, reproductores de música y hasta sistemas mecánicos elementales.
Intel pretende ingresar a este mercado para 2020
Los científicos están convencidos de que los consumidores se adaptarán rápida y fácilmente a este nuevo concepto así como también estarán muy deseosos de que ese día llegue cuanto antes a sus vidas. De hecho, afirman que ansían la libertad de poder trabajar sin necesidad de un teclado, de un ratón o de cualquier mando a distancia del que tengan que depender para interactuar con el mundo digital. A pesar de que aún queda mucho camino por recorrer y muchos puntos por aclarar en este tema, es bien sabido que Intel ya ha estado haciendo exploraciones en el campo del fMRI (functional Magnetic Resonance Imaging) tratando de buscar coincidencias entre patrones cerebrales que puedan coordinar pensamientos afines entre sí. Y así, muchos otros centros de investigación han logrado pequeños avances en la materia. Toyota, por su parte, ha realizado hace poco tiempo demostraciones con sillas de ruedas movilizadas por ondas cerebrales, mientras que en la Universidad de UTA los científicos están perfeccionando transmisores inalámbricos que permiten que el cerebro de un mono pueda controlar un brazo robótico.
functional Magnetic Resonance Imaging
Miguel Nicolelis, profesor de neurobiología de la Universidad de Duke y uno de los principales impulsores del proyecto, dijo que los investigadores esperan que su labor resulte útil para ayudar a las personas con deficiencias motoras a que puedan volver a caminar. Un mes antes, un científico de la Universidad de Arizona, informó que había logrado construir un robot que podía ser guiado por el cerebro y los ojos de una polilla. Charles Higgins, un profesor asociado en la universidad, predijo que en 10 a 15 años la gente va a utilizar y familiarizarse con equipos "híbridos" que sean capaces de conjugar una combinación de tecnología electrónica y de tejidos orgánicos vivos.
La idea de avanzar hacia horizontes auxiliares de personas que poseen sus capacidades físicas alteradas es una línea que no dejará de trazarse mientras exista una persona con cualquier grado de minusvalía y/o imposibilidad de manifestarse en plenitud. Por ahora, la ciencia está aún muy lejos de obtener una interfaz de comunicación efectiva con el cerebro humano. Pero si ya está logrando transformar las ondas y señales recuperadas desde nuestra mente en acciones concretas, no existe razón para pensar que no sería posible la creación de un mundo virtual con un amplio espectro de actividad ligada a las ondas cerebrales.
Las personas con dificultades motrices serán las primeras beneficiadas
El vicepresidente de investigación de Intel, Andrew Chien, expresando su opinión sobre el tema, aseguró que la gente jamás imaginó hace 20 años que estaría llevando consigo un ordenador y que éste tendría dimensiones tan reducidas que sería capaz de guardarse en un bolso de mano. “Yo no quiero eso. Yo no necesito eso y no creo que eso algún día suceda”, habrían asegurado entonces. Hoy, la gente que transporta y utiliza ordenadores portátiles constituye una marea creciente, imposible de detener. De hecho, la movilidad y la accesibilidad desde cualquier punto son los conceptos fundamentales que rigen la tendencia a futuro de las comunicaciones interpersonales. Y el público acompaña a las empresas que viajan en esa dirección. Las interfaces de usuario de mayor aceptación en el mercado giran en torno a conceptos tales como la intuición, la utilización de materias orgánicas en su desarrollo y el compromiso que adoptan los fabricantes en torno a la preservación del medio ambiente.
Los desarrolladores de Intel aseguran que si se puede llegar al punto de detectar con precisión ciertas palabras específicas y las reacciones que provocan en el cerebro, se estará a un pequeño paso de aplicar la ingeniería inversa de estimular el cerebro para lograr que emita las órdenes necesarias que una interfaz requiera para escribir. Además, comentaron que cada avance que van sumando ayudará a desarrollar microprocesadores más eficientes. “Si podemos ver cómo lo hace el cerebro, entonces podemos ayudar a construir ordenadores más inteligentes”.
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El sueño de controlar todo tipo de dispositivos electrónicos que se encuentren a nuestro alrededor es materia de estudio por parte de Intel Corporation, que estima que para el año 2020 ya existirán personas con implantes cerebrales que serán capaces de operar dispositivos tales como teléfonos inteligentes, reproductores de música y hasta sistemas mecánicos elementales.
Intel pretende ingresar a este mercado para 2020
Los científicos están convencidos de que los consumidores se adaptarán rápida y fácilmente a este nuevo concepto así como también estarán muy deseosos de que ese día llegue cuanto antes a sus vidas. De hecho, afirman que ansían la libertad de poder trabajar sin necesidad de un teclado, de un ratón o de cualquier mando a distancia del que tengan que depender para interactuar con el mundo digital. A pesar de que aún queda mucho camino por recorrer y muchos puntos por aclarar en este tema, es bien sabido que Intel ya ha estado haciendo exploraciones en el campo del fMRI (functional Magnetic Resonance Imaging) tratando de buscar coincidencias entre patrones cerebrales que puedan coordinar pensamientos afines entre sí. Y así, muchos otros centros de investigación han logrado pequeños avances en la materia. Toyota, por su parte, ha realizado hace poco tiempo demostraciones con sillas de ruedas movilizadas por ondas cerebrales, mientras que en la Universidad de UTA los científicos están perfeccionando transmisores inalámbricos que permiten que el cerebro de un mono pueda controlar un brazo robótico.
functional Magnetic Resonance Imaging
Miguel Nicolelis, profesor de neurobiología de la Universidad de Duke y uno de los principales impulsores del proyecto, dijo que los investigadores esperan que su labor resulte útil para ayudar a las personas con deficiencias motoras a que puedan volver a caminar. Un mes antes, un científico de la Universidad de Arizona, informó que había logrado construir un robot que podía ser guiado por el cerebro y los ojos de una polilla. Charles Higgins, un profesor asociado en la universidad, predijo que en 10 a 15 años la gente va a utilizar y familiarizarse con equipos "híbridos" que sean capaces de conjugar una combinación de tecnología electrónica y de tejidos orgánicos vivos.
La idea de avanzar hacia horizontes auxiliares de personas que poseen sus capacidades físicas alteradas es una línea que no dejará de trazarse mientras exista una persona con cualquier grado de minusvalía y/o imposibilidad de manifestarse en plenitud. Por ahora, la ciencia está aún muy lejos de obtener una interfaz de comunicación efectiva con el cerebro humano. Pero si ya está logrando transformar las ondas y señales recuperadas desde nuestra mente en acciones concretas, no existe razón para pensar que no sería posible la creación de un mundo virtual con un amplio espectro de actividad ligada a las ondas cerebrales.
Las personas con dificultades motrices serán las primeras beneficiadas
El vicepresidente de investigación de Intel, Andrew Chien, expresando su opinión sobre el tema, aseguró que la gente jamás imaginó hace 20 años que estaría llevando consigo un ordenador y que éste tendría dimensiones tan reducidas que sería capaz de guardarse en un bolso de mano. “Yo no quiero eso. Yo no necesito eso y no creo que eso algún día suceda”, habrían asegurado entonces. Hoy, la gente que transporta y utiliza ordenadores portátiles constituye una marea creciente, imposible de detener. De hecho, la movilidad y la accesibilidad desde cualquier punto son los conceptos fundamentales que rigen la tendencia a futuro de las comunicaciones interpersonales. Y el público acompaña a las empresas que viajan en esa dirección. Las interfaces de usuario de mayor aceptación en el mercado giran en torno a conceptos tales como la intuición, la utilización de materias orgánicas en su desarrollo y el compromiso que adoptan los fabricantes en torno a la preservación del medio ambiente.
Los desarrolladores de Intel aseguran que si se puede llegar al punto de detectar con precisión ciertas palabras específicas y las reacciones que provocan en el cerebro, se estará a un pequeño paso de aplicar la ingeniería inversa de estimular el cerebro para lograr que emita las órdenes necesarias que una interfaz requiera para escribir. Además, comentaron que cada avance que van sumando ayudará a desarrollar microprocesadores más eficientes. “Si podemos ver cómo lo hace el cerebro, entonces podemos ayudar a construir ordenadores más inteligentes”.
martes, 6 de octubre de 2009
Diseñan robots inteligentes con cuerpos casi humanos
Están programados para adaptarse a distintas situaciones
Aprenden de su propia experiencia y reaccionan ante los movimientos y expresiones de su interlocutor
Algunos tienen formas de animales
GABRIELA ALLMIKismet mira directo a los ojos de Cynthia Breazeal, su mamá. Es un robot tierno y sentimental. Su rostro no puede disimular sus emociones. Reacciona ante los movimientos de esta investigadora del laboratorio de Inteligencia Artificial del Massachusetts Institute of Technology (MIT).Este compendio de metal, cables y chips inteligentes abre los ojos como dos platos, levanta las cejas y mueve la boca como esos dibujitos animados que tiemblan de miedo. Eso es lo que le pasa a Kismet cuando Cynthia agita velozmente un resorte enorme de plástico naranja con el que suelen jugar. Kismet le hace una caída de ojos a su madre y entrenadora. Y le comunica que está cansado. Sensible como él solo, si se lo sobreestimula, Kismet se estresa. Necesita echarse una siesta para reponer energías. Una vez que descansa y sus circuitos se equilibran, ya está listo para volver a la carga.En este laboratorio pude construir robots con habilidades sensoriales y grados de libertad similares a los animales -cuenta Breazeal-. Kismet está programado para adaptarse a ambientes diversos y reaccionar frente a estímulos visuales (como el rostro de su interlocutor o un juguete). Mi software está inspirado en el cerebro y el sistema nervioso central de animales.Antes de concebir a Kismet, Breazeal probó suerte con criaturas artificiales menos sofisticadas y de inteligencia menos desarrollada. Así nació Attila, una araña cibernética que exhibió sus habilidades en una exposición del Museo Smithsoniano del Aire y el Espacio.Kismet es un robot bebé. Una criatura que aprende de su propia experiencia. Fue diseñado para crecer de la mano de su creadora: La idea era imitar la relación entre madre e hijo, explica Breazeal. Así como los adultos ocupan un rol activo en el desarrollo de los chicos, Cynthia se ocupa de que Kismet crezca poco a poco y día tras día. Este robot con orejas puntiagudas y ojos saltones es parte de un megaproyecto desarrollado por un equipo de ingenieros, psicólogos y expertos en informática del MIT. Su objetivo es investigar la inteligencia humana y sus aplicaciones técnicas. Para eso crean estos aparatos con forma humana. O por lo pronto con cabeza. De hecho, Kismet es sólo un rostro sesudo que se da vuelta si detecta que Cynthia entra en su cuarto. Sonríe, se asusta, se sorprende.El punto de partida de Breazeal es cómo se comunican los niños hasta los 6 meses, lo que se conoce como protolenguaje. Mi intención es que Kismet aprenda este tipo de lenguaje, gracias al contacto con su cuidador. Que pueda expresar sus necesidades, comenta Breazeal. Este objetivo es parte del interés personal de la investigadora por crear máquinas con inteligencia social capaces de interactuar con seres humanos de una manera natural.Según el ingeniero Raimundo D Aquila, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) el gran paso del proyecto del MIT es, justamente, que las criaturas artificiales aprendan como lo hace un ser humano. Pienso que ese es el camino. Imitar la inteligencia humana.¿Por qué la forma humana? Los autores de este proyecto aseguran que la razón no es caprichosa. Lejos de pretender emulaciones superficiales, mi tesis es que un robot artificial debe lucir como un ser humano para que pueda interactuar con ellos de igual a igual, dice Brooks, profesor de Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación, y director del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT.Y D Aquila coincide con Brooks: Si la naturaleza hizo al hombre de determinada manera es porque esa figura permite resolver problemas. Esta es una forma muy adecuada a nuestro medio ambiente. Y predice: Los humanoides tendrán un lugar importante en el siglo que viene.Aunque todavía les falta recorrer un largo camino para moverse, pensar y sentir como Los Supersónicos, esos dibujitos animados que hicieron furor en los años 60, los robots que está dando a luz el laboratorio bostoniano conforman una familia cibernética. El hermano mayor de Kismet ya es casi un adolescente. Cog también fue diseñado para aprender con dedicación y tiempo, como las personas. Pero su torso está más desarrollado.Todos los sentidosCualquiera podría considerar que Cog es una colección de sensores y chips que trata de imitar la dinámica sensorial y motriz del cuerpo humano -dice Brooks, orgulloso de su retoño-. Excepto por las piernas y por una espina dorsal más flexible, un mayor grado de libertad motora en el tronco, la cabeza y los brazos; el resto está ahí. Vista tiene, a través de videocámaras. Oído y tacto están en pleno proyecto. El sistema propioceptivo (relacionado con la conciencia que tiene el robot de sus propias articulaciones) ya está terminado. El sistema vestibular (regula el equilibrio) también está cerca de su último capítulo. Las manos se están creando en este preciso momento. Y una tecnología de vocalización está en proceso.Tal vez cuando Cog y Kismet sean grandes se ocupen de cuidar y entretener -como niñeros- a los hijos de Cynthia y de Rodney y les devuelvan el favor.COLABORO VANESA MOLINUEVO
Aprenden de su propia experiencia y reaccionan ante los movimientos y expresiones de su interlocutor
Algunos tienen formas de animales
GABRIELA ALLMIKismet mira directo a los ojos de Cynthia Breazeal, su mamá. Es un robot tierno y sentimental. Su rostro no puede disimular sus emociones. Reacciona ante los movimientos de esta investigadora del laboratorio de Inteligencia Artificial del Massachusetts Institute of Technology (MIT).Este compendio de metal, cables y chips inteligentes abre los ojos como dos platos, levanta las cejas y mueve la boca como esos dibujitos animados que tiemblan de miedo. Eso es lo que le pasa a Kismet cuando Cynthia agita velozmente un resorte enorme de plástico naranja con el que suelen jugar. Kismet le hace una caída de ojos a su madre y entrenadora. Y le comunica que está cansado. Sensible como él solo, si se lo sobreestimula, Kismet se estresa. Necesita echarse una siesta para reponer energías. Una vez que descansa y sus circuitos se equilibran, ya está listo para volver a la carga.En este laboratorio pude construir robots con habilidades sensoriales y grados de libertad similares a los animales -cuenta Breazeal-. Kismet está programado para adaptarse a ambientes diversos y reaccionar frente a estímulos visuales (como el rostro de su interlocutor o un juguete). Mi software está inspirado en el cerebro y el sistema nervioso central de animales.Antes de concebir a Kismet, Breazeal probó suerte con criaturas artificiales menos sofisticadas y de inteligencia menos desarrollada. Así nació Attila, una araña cibernética que exhibió sus habilidades en una exposición del Museo Smithsoniano del Aire y el Espacio.Kismet es un robot bebé. Una criatura que aprende de su propia experiencia. Fue diseñado para crecer de la mano de su creadora: La idea era imitar la relación entre madre e hijo, explica Breazeal. Así como los adultos ocupan un rol activo en el desarrollo de los chicos, Cynthia se ocupa de que Kismet crezca poco a poco y día tras día. Este robot con orejas puntiagudas y ojos saltones es parte de un megaproyecto desarrollado por un equipo de ingenieros, psicólogos y expertos en informática del MIT. Su objetivo es investigar la inteligencia humana y sus aplicaciones técnicas. Para eso crean estos aparatos con forma humana. O por lo pronto con cabeza. De hecho, Kismet es sólo un rostro sesudo que se da vuelta si detecta que Cynthia entra en su cuarto. Sonríe, se asusta, se sorprende.El punto de partida de Breazeal es cómo se comunican los niños hasta los 6 meses, lo que se conoce como protolenguaje. Mi intención es que Kismet aprenda este tipo de lenguaje, gracias al contacto con su cuidador. Que pueda expresar sus necesidades, comenta Breazeal. Este objetivo es parte del interés personal de la investigadora por crear máquinas con inteligencia social capaces de interactuar con seres humanos de una manera natural.Según el ingeniero Raimundo D Aquila, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) el gran paso del proyecto del MIT es, justamente, que las criaturas artificiales aprendan como lo hace un ser humano. Pienso que ese es el camino. Imitar la inteligencia humana.¿Por qué la forma humana? Los autores de este proyecto aseguran que la razón no es caprichosa. Lejos de pretender emulaciones superficiales, mi tesis es que un robot artificial debe lucir como un ser humano para que pueda interactuar con ellos de igual a igual, dice Brooks, profesor de Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación, y director del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT.Y D Aquila coincide con Brooks: Si la naturaleza hizo al hombre de determinada manera es porque esa figura permite resolver problemas. Esta es una forma muy adecuada a nuestro medio ambiente. Y predice: Los humanoides tendrán un lugar importante en el siglo que viene.Aunque todavía les falta recorrer un largo camino para moverse, pensar y sentir como Los Supersónicos, esos dibujitos animados que hicieron furor en los años 60, los robots que está dando a luz el laboratorio bostoniano conforman una familia cibernética. El hermano mayor de Kismet ya es casi un adolescente. Cog también fue diseñado para aprender con dedicación y tiempo, como las personas. Pero su torso está más desarrollado.Todos los sentidosCualquiera podría considerar que Cog es una colección de sensores y chips que trata de imitar la dinámica sensorial y motriz del cuerpo humano -dice Brooks, orgulloso de su retoño-. Excepto por las piernas y por una espina dorsal más flexible, un mayor grado de libertad motora en el tronco, la cabeza y los brazos; el resto está ahí. Vista tiene, a través de videocámaras. Oído y tacto están en pleno proyecto. El sistema propioceptivo (relacionado con la conciencia que tiene el robot de sus propias articulaciones) ya está terminado. El sistema vestibular (regula el equilibrio) también está cerca de su último capítulo. Las manos se están creando en este preciso momento. Y una tecnología de vocalización está en proceso.Tal vez cuando Cog y Kismet sean grandes se ocupen de cuidar y entretener -como niñeros- a los hijos de Cynthia y de Rodney y les devuelvan el favor.COLABORO VANESA MOLINUEVO
Descubren la primera pista que relaciona inteligencia y curiosidad
Unos investigadores descubren la primera pista que relaciona inteligencia y curiosidad. El hallazgo podría dar lugar a fármacos que mejoraran el aprendizaje.
17 Sep 2009 NEOFRONTERAS.COM
�
�Se puede ser inteligente y carecer de curiosidad por lo que a uno le rodea? Los niños más inteligentes suelen ser los más preguntones, así que el sentido común nos dice que la respuesta a la pregunta es no; pero, ¿qué convierte a una persona en inteligente?, ¿una condición previa cuasi-innata que además aumenta la curiosidad o los conocimientos adquiridos por tener una gran curiosidad? Da la impresión que la inteligencia y la necesidad o voluntad por conocer están ligadas.
No sabemos muy bien lo que es la inteligencia, o quizás no la sabemos definir bien. Lo que sí sabemos inmediatamente es si nuestro interlocutor es o no es una persona inteligente. Se han propuesto sistemas para medir la inteligencia, como el famoso CI, aunque siempre ha habido polémica sobre si medimos o no realmente la inteligencia con él o si simplemente medimos la capacidad de superar los test de inteligencia. Y es que la inteligencia es un asunto bastante complejo y espinoso desde la corrección política. Algunos aspectos de ella sí se pueden medir bien, incluso para animales de laboratorio, como la capacidad de orientación espacial, la memoria, etc. Al parecer incluso se puede medir la curiosidad.
Ahora científicos de la Universidad de Toronto y del Hospital Monte Sinaí han descubierto un enlace molecular que liga algunas capacidades cognitivas y la curiosidad. Esto puede que dé lugar en el futuro a fármacos que mejoren el aprendizaje en humanos.
En el artículo publicado el pasado día 10 en la revista Neuron, John Roder y Bechara Saab explican el estudio con el que analizaron la interacción de dos proteínas en una pequeña región del cerebro denominada circunvolución dentada. Esta región forma parte del hipocampo (trozo del cerebro que juega un papel importante en la memoria a largo plazo y en la orientación espacial) y que estaba relativamente inexplorada en el pasado.
En el estudio se aumentó en una vez y media la presencia de la proteína NCS-1 (sensor de calcio neuronal en sus siglas en inglés) en la circunvolución dentada de ratones de laboratorio. NCS-1 es conocida por afectar a la memoria de gusanos en pruebas de laboratorio y de estar relacionada con la esquizofrenia y el desorden bipolar en humanos. Esta modesta sobreexpresión incrementó la habilidad de las neuronas para comunicarse entre sí y proporcionó a los ratones una memoria superior en tareas complejas. También aumentó significativamente el comportamiento exploratorios de los ratones, es decir, incrementó su curiosidad.
Como el aumento del comportamiento exploratorio se dio solamente en un ambiente controlado y seguro, es decir, que los ratones no tenían mayor necesidad exploratoria ni se sentían más amenazados que los ratones sin tratar, Rober y Saab creen que han descubierto una región del cerebro que genera curiosidad y un modelo de cómo la actividad cerebral lleva a la curiosidad.
Los investigadores descubrieron además que tanto la curiosidad como la memoria espacial se vieron disminuidas cuando se administró a los ratones un fármaco que evita que la NCS-1 se una a los receptores tipo II de la dopamina (el blanco típico para los antipsicóticos) en la circunvolución dentada. Este fármaco es supuestamente benigno y fue desarrollado en el hospital Monte Sinaí.
Según Saab ahora que ya se sabe que algunas moléculas y regiones cerebrales que controlan el aprendizaje y la memoria, además controlan la curiosidad. Según él se podría ir al laboratorio y diseñar un fármaco que mejorase las capacidades cognitivas humanas, lo que constituiría un beneficio en el futuro.
De momento se puede usar ya este nuevo hallazgo para investigar si la curiosidad está relacionada con la inteligencia o viceversa.
Desde aquí sólo añadir que los lectores de esta web parecen tener curiosidad por el mundo, así que deben de ser inteligentes.
17 Sep 2009 NEOFRONTERAS.COM
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�Se puede ser inteligente y carecer de curiosidad por lo que a uno le rodea? Los niños más inteligentes suelen ser los más preguntones, así que el sentido común nos dice que la respuesta a la pregunta es no; pero, ¿qué convierte a una persona en inteligente?, ¿una condición previa cuasi-innata que además aumenta la curiosidad o los conocimientos adquiridos por tener una gran curiosidad? Da la impresión que la inteligencia y la necesidad o voluntad por conocer están ligadas.
No sabemos muy bien lo que es la inteligencia, o quizás no la sabemos definir bien. Lo que sí sabemos inmediatamente es si nuestro interlocutor es o no es una persona inteligente. Se han propuesto sistemas para medir la inteligencia, como el famoso CI, aunque siempre ha habido polémica sobre si medimos o no realmente la inteligencia con él o si simplemente medimos la capacidad de superar los test de inteligencia. Y es que la inteligencia es un asunto bastante complejo y espinoso desde la corrección política. Algunos aspectos de ella sí se pueden medir bien, incluso para animales de laboratorio, como la capacidad de orientación espacial, la memoria, etc. Al parecer incluso se puede medir la curiosidad.
Ahora científicos de la Universidad de Toronto y del Hospital Monte Sinaí han descubierto un enlace molecular que liga algunas capacidades cognitivas y la curiosidad. Esto puede que dé lugar en el futuro a fármacos que mejoren el aprendizaje en humanos.
En el artículo publicado el pasado día 10 en la revista Neuron, John Roder y Bechara Saab explican el estudio con el que analizaron la interacción de dos proteínas en una pequeña región del cerebro denominada circunvolución dentada. Esta región forma parte del hipocampo (trozo del cerebro que juega un papel importante en la memoria a largo plazo y en la orientación espacial) y que estaba relativamente inexplorada en el pasado.
En el estudio se aumentó en una vez y media la presencia de la proteína NCS-1 (sensor de calcio neuronal en sus siglas en inglés) en la circunvolución dentada de ratones de laboratorio. NCS-1 es conocida por afectar a la memoria de gusanos en pruebas de laboratorio y de estar relacionada con la esquizofrenia y el desorden bipolar en humanos. Esta modesta sobreexpresión incrementó la habilidad de las neuronas para comunicarse entre sí y proporcionó a los ratones una memoria superior en tareas complejas. También aumentó significativamente el comportamiento exploratorios de los ratones, es decir, incrementó su curiosidad.
Como el aumento del comportamiento exploratorio se dio solamente en un ambiente controlado y seguro, es decir, que los ratones no tenían mayor necesidad exploratoria ni se sentían más amenazados que los ratones sin tratar, Rober y Saab creen que han descubierto una región del cerebro que genera curiosidad y un modelo de cómo la actividad cerebral lleva a la curiosidad.
Los investigadores descubrieron además que tanto la curiosidad como la memoria espacial se vieron disminuidas cuando se administró a los ratones un fármaco que evita que la NCS-1 se una a los receptores tipo II de la dopamina (el blanco típico para los antipsicóticos) en la circunvolución dentada. Este fármaco es supuestamente benigno y fue desarrollado en el hospital Monte Sinaí.
Según Saab ahora que ya se sabe que algunas moléculas y regiones cerebrales que controlan el aprendizaje y la memoria, además controlan la curiosidad. Según él se podría ir al laboratorio y diseñar un fármaco que mejorase las capacidades cognitivas humanas, lo que constituiría un beneficio en el futuro.
De momento se puede usar ya este nuevo hallazgo para investigar si la curiosidad está relacionada con la inteligencia o viceversa.
Desde aquí sólo añadir que los lectores de esta web parecen tener curiosidad por el mundo, así que deben de ser inteligentes.
domingo, 27 de septiembre de 2009
Los robots podrían liberarse de las limitaciones de la organización mental humana
Es probable que para que el androide desarrolle una inteligencia parecida a la del Hombre necesite egoísmo y ambición
A la hora de construir inteligencias artificiales, el Hombre goza de mucha mayor libertad que la que tuvo la Naturaleza cuando “construyó” a al ser humano. Pueden estar absolutamente liberadas de las restricciones y limitaciones de la organización mental humana. Incluso podrían hasta no tener referencia alguna con lo natural, con lo ya existente. Desafortunadamente, es probable que para que el androide desarrolle una inteligencia parecida a la del Hombre necesite algunas de sus supuestas “debilidades”, como el egoísmo y la ambición. Por Sergio Moriello.
Teniendo en cuenta la corriente clásica y mayoritaria de la actualidad, algunos piensan que la inteligencia artificial de un robot humanoide será algo extraña, ajena, algo que no comparte la experiencia humana. Acaso sea brillante pero no humana, aunque sería deseable que no sea inhumana. Podría estar tan inmersa en el reino del silicio, tan lejos de las preocupaciones originadas en el carbono (por ejemplo, el envejecimiento y el deterioro del organismo), que tal vez surjan problemas de comunicación con ella [Dibbell, 1996]. El robot humanoide clásico no tiene instintos ni necesidades (como respirar o tener sexo) ni esa especie de inteligencia vital que manifiestan los mamíferos superiores. Sin embargo, es un tipo de inteligencia, aunque ciertamente limitada, estrechamente especializada, y con capacidades de creación y adaptabilidad aun muy pobres [Skyvington, 1978, p. 122]. En otras palabras, las máquinas poseen –por ahora– tan sólo una inteligencia específica, confinada y restringida a la ejecución de determinadas tareas (a pesar de ser, en algunos casos, superior a la humana). El problema es el exacerbado antropomorfismo: cuanto menos se asemeja una entidad al Hombre, menos sentido tiene para éste atribuirle una inteligencia como la suya [Minsky, 1986, p. 301]. Arquitectura mental El tipo de arquitectura mental que debería tener un robot humanoide depende de la clase de inteligencia que se desea para él. Si se busca un sistema que sea eficiente, que piense racionalmente, se debería utilizar la lógica (en sus diferentes modalidades) y hacer prevalecer la objetividad frente a la subjetividad (para lo cual, tal vez, no se necesite un cuerpo físico). Si, en cambio, se busca un sistema que actúe de forma parecida a como lo hace un humano, se debería construir con un elevado grado de inteligencia general y un amplio conocimiento del mundo, con sentido común (para lo cual se necesite no sólo un cuerpo físico, sino incluso con forma humana y que esté situado) [Ritchie, 1985, p. 150]. En este último caso, hay que ser consciente de lo que es esencial y lo que es accidental en el Hombre; su inteligencia tiene serias limitaciones y no hay motivos para que las máquinas tengan que compartirlas. No sólo se podrían reproducir sus fortalezas, sino que también se podrían evitar muchas de sus múltiples debilidades. En efecto, el sistema cerebro-mente del homo sapiens evolucionó a lo largo de millones de años con el objetivo de sobrevivir. Sus diferentes módulos se expandieron gradualmente sin disponer de una adecuada planificación previa…, algo que se torna bastante evidente [Crevier, 1996, p. 332/5]. Identidad propia Aquí surge un interrogante que será necesario dilucidar (o, por lo menos, tener en cuenta) al tratar de implementar esta clase de robots. ¿Qué “identidad común” se adoptará como característica normal, estándar, uniforme? Es decir, ¿cuál será el “ser ontológico”, el “ser genérico”, el “ser idealizado”, aquellos aspectos constitutivos que compartirán todos los robots de un mismo tipo? Dicho con otras palabras, ¿cuál será su género (andrógino, hombre, mujer u otro)?, ¿debería ser laico o tener una religión? Y, en este último caso, ¿qué religión (cristiana, judía, musulmana, budista u otra)? ¿Cuál será su cultura (individualista occidental o colectivista oriental)? Y, en cada caso, ¿latina, norteamericana o europea; árabe, china o soviética? ¿Cuál su etnia (blanca, negra, amarilla u otra)? ¿Cuál su ideología (capitalista, socialista, comunista u otra)? En el ser humano, todas estas características son parte integrante de su mente, de sus “modelos mentales”. Y siguiendo, ¿cuál será el código de comportamiento de los robots y cuál su ética? ¿Estarán sometidos a leyes confeccionadas por humanos o darán preferencia a sus propios valores? Como se aprecia, no se trata de un sistema simple sino de una compleja red de interrelaciones. Diseño chapucero La inteligencia humana no fue diseñada con claridad ni bien ordenada, sino que es el resultado de un proceso de sucesivos ensayos a lo largo de millones de años. Se trata de una acumulación progresiva de estructuras y funciones neuronales que se basan sobre las formas vivas que han evolucionado antes que el Hombre. Éste no sufrió una reestructuración completa tal que lo convirtiese en un animal racional bien diseñado. Como bien dice Rupert Riedl, “estamos cercados por las limitaciones de nuestra capacidad cognoscitiva, por los límites de los sentidos, dice Hume; por los del entendimiento, arguye Kant; por los de las capacidades cerebrales, añade Hubert Rohracher, y por las del espíritu, concluye Chomsky” [Riedl, 1983, p. 220], y a las que habría que agregar las limitaciones lingüísticas que restringen la flexibilidad del pensamiento. En efecto, con su estructura lineal de sujeto-predicado, las lenguas indoeuropeas fuerzan a sus hablantes a pensar en términos lineales de causa y efecto, mientras que la realidad profunda está compuesta por relaciones múltiples, paralelas y/o causalidad recursiva (cadenas de causas-efectos que se vuelven sobre sí mismas, que se realimentan). Problemas El sistema cerebro-mente humano no ha cambiado sustancialmente en los últimos 50.000 años, pero seguirá evolucionando lentamente y se volverá más complejo. Está diseñado para operar –de forma más o menos eficiente- durante un tiempo de vida promedio de unos 75 años o poco más; más allá del cual comienza a mostrar síntomas de un deterioro progresivo. También está habituado a actuar en forma de “rebaño” dentro de pequeñas tribus nómades (con poca interacción fuera del grupo y siguiendo de forma inconsciente a los líderes); no en forma autónoma dentro de los grandes conglomerados urbanos de 10 o 20 mil individuos o, más recientemente, dentro de las comunidades virtuales de cientos de millones de personas a través de la web [Johnson, 2003, p. 183]. Por otra parte, el homo sapiens tiene una capacidad limitada de registro –estático y local– de la realidad profunda, por lo que muy frecuentemente no puede percibir el carácter evolutivo y transitorio de grandes sistemas (por ejemplo, sociales, culturales, históricos, astronómicos, etc.) [François, 1977, p. 111]. Sólo es capaz de hacer una prospectiva simplista a corto plazo, percibiendo secuencias simples de causa y efecto (y limitadas en el espacio y en el tiempo), en lugar de una combinación de factores que se influyen mutuamente [O’Connor y McDermott, 1998, p. 20]. Su pensamiento consciente no es muy apto para hacer frente a muchos detalles concretos o a objetivos múltiples y simultáneos, puede verse distorsionado por la parte afectiva (emociones, sentimientos y estados anímicos), está fuertemente influido por la comunidad a la que pertenece y es muy perezoso (evita la reflexión larga y profunda). Limitaciones El ser humano no comprende muy bien cómo se comportan ciertos sistemas complejos (especialmente sus interacciones, demoras, descentralización y fenómenos colectivos) ni tampoco su inter-dependencia con la Naturaleza: no es consciente de que todo organismo que destruye su entorno se acaba autodestruyendo. Se distrae fácilmente y su memoria es limitada, poco confiable, falible y se deteriora con el tiempo... incluso puede generar falsos recuerdos (confunde los hechos reales con los imaginados). Sus decisiones muchas veces son impulsivas y una vez tomadas son difíciles de modificar (incluso si dispone de pruebas de que está equivocado). Es muy egocéntrico, muchas veces desenfrenado y necesita la influencia reguladora de la sociedad para evitar alcanzar extremos desagradables [Marinoff, 2007, p. 90 y 98]. No sabe cómo organizar sus organizaciones sociales a fin de volverlas eficientes, posiblemente como un fiel reflejo de la desorganización que impera dentro de su propia mente. Y, si bien puede ser que esté optimizado para el lenguaje hablado, está muy mal preparado para interpretar los dibujos en perspectiva, la fotografía, la televisión o los gráficos por computadora [Piscitelli, 2002, p. 67]. Quizás sea por todos estos motivos que el Hombre dispone de un repertorio relativamente limitado de patrones fijos de interpretación útil de la realidad profunda y de que algunos (o varios) “instintos” de sentido común –adquiridos durante la evolución (en particular, los referidos a la física, aunque también a la biología y a la psicología)–, si bien todos importantes en el pasado, probablemente estén mal adaptados al mundo moderno y no sean la mejor forma de tratar con la mayoría de la información actual y futura. Restricciones La inteligencia humana presenta varias restricciones intrínsecas en sus tres dimensiones (biológica, psicológica y social). Son límites impuestos por la propia Naturaleza: al igual que un perro no puede ni siquiera imaginar la teoría de la relatividad o un chimpancé no es capaz de meditar aunque sea superficialmente sobre el concepto de átomo, es posible que al Hombre también le está vedada la comprensión de ciertos aspectos de la Realidad (por ejemplo, el infinito, la nada, la eternidad o las dimensiones superiores) [Horgan, 1994]. Aunque su mayor neocorteza le permita concebir modelos dinámicos más abstractos del mundo, realizar predicciones más complejas y/o analogías más profundas, es posible que no pueda comprenderse a sí mismo, de igual modo en que el ojo no puede verse a sí mismo, el cuchillo no puede cortarse a sí mismo y el fuego no puede quemarse a sí mismo. Tal vez algunos conceptos sean demasiado “expansivos” para el lenguaje corriente, desmedidamente “grandes” para la imaginación actual, ocupen un excesivo “espacio mental” o “escapen” a la red conceptual del homo sapiens. Y es que sólo puede aspirar a concebir aquello para lo cual está preparado su cerebro-mente. ¿Es probable que los robots –con un equipamiento funcional diferente del humano– desarrollen los mismos conceptos? [Moriello, 2005, p. 227]. Después de todo, la inteligencia animal está inevitablemente condicionada por la especialización evolutiva, por los estímulos que pueden reconocer y evaluar con facilidad: la inteligencia olfativa de la rata se relaciona con su vida nocturna y la inteligencia auditiva del delfín está ligada con su orientación por medio del sonar [Morgado, 2002, p. 28]. Inteligencia construida A la hora de construir inteligencias artificiales, el Hombre goza de mucha mayor libertad que la que tuvo la Naturaleza cuando “construyó” a éste. Pueden estar absolutamente liberadas de las restricciones y limitaciones de la organización mental humana. Incluso podrían hasta no tener referencia alguna con lo natural, con lo ya existente. ¿Sería capaz el homo sapiens de evitar caer en sus propias fallas: la crueldad, el vicio, la soberbia, la avaricia...? ¿Podría asimismo evitar repetir su historia: la corrupción de las grandes culturas luego de su florecimiento? Desafortunadamente, es probable que para que el androide desarrolle una inteligencia parecida a la del Hombre necesite algunas de sus supuestas “debilidades”, como el egoísmo y la ambición. Estas cualidades también forman parte de su mente [Ritchie, 1985, p. 150]. No hay contradicción en esto; después de todo, y como afirma un antiguo proverbio budista, “aunque parecen ser opuestas, ambas alas son necesarias para el vuelo de un pájaro” [Moriello, 2005, p. 228]. Ventajas La inteligencia inorgánica supera a la humana en muchos campos: la rápida ejecución de complejos cálculos matemáticos; la enorme velocidad de procesamiento y de transferencia de información; la habilidad para considerar instantáneamente muchas posibilidades diferentes; la capacidad para ocuparse de numerosas cosas al mismo tiempo y para considerar los problemas desde una perspectiva completa (no fragmentaria); la habilidad para “formar imágenes” y trabajar en espacios matemáticos multidimensionales; la destreza para manejar geometrías extrañas y conceptos alejados de la experiencia sensorial directa y habitual (como lo muy grande, lo muy pequeño, lo muy rápido, lo muy lento, o lo muy complejo); la abrumadora capacidad para absorber datos de Internet (textos, imágenes, tablas, bases de datos, videos, música, etc.), el enorme poder inferencial; el almacenamiento de grandes cantidades de información y su recuerdo indefinido sin olvido posible (no se degrada con el tiempo); la ausencia de la interferencia distorsionadora de las emociones sobre el pensamiento y la memoria; la capacidad para comunicarse a enormes velocidades (con gran cantidad de sus iguales, intercambiando y difundiendo –de forma instantánea– todos sus conocimientos, experiencias y pensamientos); y la competencia para aplicar eficazmente los principios de la lógica, de las probabilidades, de la estadística y de la relatividad [Moriello, 2005, p. 228]. Desventajas Por su parte, la inteligencia humana es muy superior a la inorgánica en muchos campos: el reconocimiento de patrones y configuraciones (y la distinción entre similitudes y diferencias); la elaboración de estrategias complejas; la creatividad, la imaginación, la inventiva, la espontaneidad, la improvisación y la intuición; la capacidad de trabajar con datos insuficientes, ambiguos y/o imprecisos; la identificación del contexto; el manejo de situaciones aproximativas, difusas o inciertas; la habilidad para enfrentarse a lo improvisto e inesperado; la interpretación de señales contradictorias y hasta caóticas; la capacidad para abstraer y generalizar; y la habilidad para extraer conclusiones acertadas y rápidas a partir de grandes cantidades de datos. También sobresalen en las habilidades homeostáticas (auto-reparación y auto-recuperación), adaptativas (flexibilidad para adecuarse al entorno), mecánicas (locomoción, navegación, control manual y coordinación sensomotora) y colectivas (entendimiento por empatía, interacción social y pensamiento grupal, comunitario y social) [Moriello, 2005, p. 228].
A la hora de construir inteligencias artificiales, el Hombre goza de mucha mayor libertad que la que tuvo la Naturaleza cuando “construyó” a al ser humano. Pueden estar absolutamente liberadas de las restricciones y limitaciones de la organización mental humana. Incluso podrían hasta no tener referencia alguna con lo natural, con lo ya existente. Desafortunadamente, es probable que para que el androide desarrolle una inteligencia parecida a la del Hombre necesite algunas de sus supuestas “debilidades”, como el egoísmo y la ambición. Por Sergio Moriello.
Teniendo en cuenta la corriente clásica y mayoritaria de la actualidad, algunos piensan que la inteligencia artificial de un robot humanoide será algo extraña, ajena, algo que no comparte la experiencia humana. Acaso sea brillante pero no humana, aunque sería deseable que no sea inhumana. Podría estar tan inmersa en el reino del silicio, tan lejos de las preocupaciones originadas en el carbono (por ejemplo, el envejecimiento y el deterioro del organismo), que tal vez surjan problemas de comunicación con ella [Dibbell, 1996]. El robot humanoide clásico no tiene instintos ni necesidades (como respirar o tener sexo) ni esa especie de inteligencia vital que manifiestan los mamíferos superiores. Sin embargo, es un tipo de inteligencia, aunque ciertamente limitada, estrechamente especializada, y con capacidades de creación y adaptabilidad aun muy pobres [Skyvington, 1978, p. 122]. En otras palabras, las máquinas poseen –por ahora– tan sólo una inteligencia específica, confinada y restringida a la ejecución de determinadas tareas (a pesar de ser, en algunos casos, superior a la humana). El problema es el exacerbado antropomorfismo: cuanto menos se asemeja una entidad al Hombre, menos sentido tiene para éste atribuirle una inteligencia como la suya [Minsky, 1986, p. 301]. Arquitectura mental El tipo de arquitectura mental que debería tener un robot humanoide depende de la clase de inteligencia que se desea para él. Si se busca un sistema que sea eficiente, que piense racionalmente, se debería utilizar la lógica (en sus diferentes modalidades) y hacer prevalecer la objetividad frente a la subjetividad (para lo cual, tal vez, no se necesite un cuerpo físico). Si, en cambio, se busca un sistema que actúe de forma parecida a como lo hace un humano, se debería construir con un elevado grado de inteligencia general y un amplio conocimiento del mundo, con sentido común (para lo cual se necesite no sólo un cuerpo físico, sino incluso con forma humana y que esté situado) [Ritchie, 1985, p. 150]. En este último caso, hay que ser consciente de lo que es esencial y lo que es accidental en el Hombre; su inteligencia tiene serias limitaciones y no hay motivos para que las máquinas tengan que compartirlas. No sólo se podrían reproducir sus fortalezas, sino que también se podrían evitar muchas de sus múltiples debilidades. En efecto, el sistema cerebro-mente del homo sapiens evolucionó a lo largo de millones de años con el objetivo de sobrevivir. Sus diferentes módulos se expandieron gradualmente sin disponer de una adecuada planificación previa…, algo que se torna bastante evidente [Crevier, 1996, p. 332/5]. Identidad propia Aquí surge un interrogante que será necesario dilucidar (o, por lo menos, tener en cuenta) al tratar de implementar esta clase de robots. ¿Qué “identidad común” se adoptará como característica normal, estándar, uniforme? Es decir, ¿cuál será el “ser ontológico”, el “ser genérico”, el “ser idealizado”, aquellos aspectos constitutivos que compartirán todos los robots de un mismo tipo? Dicho con otras palabras, ¿cuál será su género (andrógino, hombre, mujer u otro)?, ¿debería ser laico o tener una religión? Y, en este último caso, ¿qué religión (cristiana, judía, musulmana, budista u otra)? ¿Cuál será su cultura (individualista occidental o colectivista oriental)? Y, en cada caso, ¿latina, norteamericana o europea; árabe, china o soviética? ¿Cuál su etnia (blanca, negra, amarilla u otra)? ¿Cuál su ideología (capitalista, socialista, comunista u otra)? En el ser humano, todas estas características son parte integrante de su mente, de sus “modelos mentales”. Y siguiendo, ¿cuál será el código de comportamiento de los robots y cuál su ética? ¿Estarán sometidos a leyes confeccionadas por humanos o darán preferencia a sus propios valores? Como se aprecia, no se trata de un sistema simple sino de una compleja red de interrelaciones. Diseño chapucero La inteligencia humana no fue diseñada con claridad ni bien ordenada, sino que es el resultado de un proceso de sucesivos ensayos a lo largo de millones de años. Se trata de una acumulación progresiva de estructuras y funciones neuronales que se basan sobre las formas vivas que han evolucionado antes que el Hombre. Éste no sufrió una reestructuración completa tal que lo convirtiese en un animal racional bien diseñado. Como bien dice Rupert Riedl, “estamos cercados por las limitaciones de nuestra capacidad cognoscitiva, por los límites de los sentidos, dice Hume; por los del entendimiento, arguye Kant; por los de las capacidades cerebrales, añade Hubert Rohracher, y por las del espíritu, concluye Chomsky” [Riedl, 1983, p. 220], y a las que habría que agregar las limitaciones lingüísticas que restringen la flexibilidad del pensamiento. En efecto, con su estructura lineal de sujeto-predicado, las lenguas indoeuropeas fuerzan a sus hablantes a pensar en términos lineales de causa y efecto, mientras que la realidad profunda está compuesta por relaciones múltiples, paralelas y/o causalidad recursiva (cadenas de causas-efectos que se vuelven sobre sí mismas, que se realimentan). Problemas El sistema cerebro-mente humano no ha cambiado sustancialmente en los últimos 50.000 años, pero seguirá evolucionando lentamente y se volverá más complejo. Está diseñado para operar –de forma más o menos eficiente- durante un tiempo de vida promedio de unos 75 años o poco más; más allá del cual comienza a mostrar síntomas de un deterioro progresivo. También está habituado a actuar en forma de “rebaño” dentro de pequeñas tribus nómades (con poca interacción fuera del grupo y siguiendo de forma inconsciente a los líderes); no en forma autónoma dentro de los grandes conglomerados urbanos de 10 o 20 mil individuos o, más recientemente, dentro de las comunidades virtuales de cientos de millones de personas a través de la web [Johnson, 2003, p. 183]. Por otra parte, el homo sapiens tiene una capacidad limitada de registro –estático y local– de la realidad profunda, por lo que muy frecuentemente no puede percibir el carácter evolutivo y transitorio de grandes sistemas (por ejemplo, sociales, culturales, históricos, astronómicos, etc.) [François, 1977, p. 111]. Sólo es capaz de hacer una prospectiva simplista a corto plazo, percibiendo secuencias simples de causa y efecto (y limitadas en el espacio y en el tiempo), en lugar de una combinación de factores que se influyen mutuamente [O’Connor y McDermott, 1998, p. 20]. Su pensamiento consciente no es muy apto para hacer frente a muchos detalles concretos o a objetivos múltiples y simultáneos, puede verse distorsionado por la parte afectiva (emociones, sentimientos y estados anímicos), está fuertemente influido por la comunidad a la que pertenece y es muy perezoso (evita la reflexión larga y profunda). Limitaciones El ser humano no comprende muy bien cómo se comportan ciertos sistemas complejos (especialmente sus interacciones, demoras, descentralización y fenómenos colectivos) ni tampoco su inter-dependencia con la Naturaleza: no es consciente de que todo organismo que destruye su entorno se acaba autodestruyendo. Se distrae fácilmente y su memoria es limitada, poco confiable, falible y se deteriora con el tiempo... incluso puede generar falsos recuerdos (confunde los hechos reales con los imaginados). Sus decisiones muchas veces son impulsivas y una vez tomadas son difíciles de modificar (incluso si dispone de pruebas de que está equivocado). Es muy egocéntrico, muchas veces desenfrenado y necesita la influencia reguladora de la sociedad para evitar alcanzar extremos desagradables [Marinoff, 2007, p. 90 y 98]. No sabe cómo organizar sus organizaciones sociales a fin de volverlas eficientes, posiblemente como un fiel reflejo de la desorganización que impera dentro de su propia mente. Y, si bien puede ser que esté optimizado para el lenguaje hablado, está muy mal preparado para interpretar los dibujos en perspectiva, la fotografía, la televisión o los gráficos por computadora [Piscitelli, 2002, p. 67]. Quizás sea por todos estos motivos que el Hombre dispone de un repertorio relativamente limitado de patrones fijos de interpretación útil de la realidad profunda y de que algunos (o varios) “instintos” de sentido común –adquiridos durante la evolución (en particular, los referidos a la física, aunque también a la biología y a la psicología)–, si bien todos importantes en el pasado, probablemente estén mal adaptados al mundo moderno y no sean la mejor forma de tratar con la mayoría de la información actual y futura. Restricciones La inteligencia humana presenta varias restricciones intrínsecas en sus tres dimensiones (biológica, psicológica y social). Son límites impuestos por la propia Naturaleza: al igual que un perro no puede ni siquiera imaginar la teoría de la relatividad o un chimpancé no es capaz de meditar aunque sea superficialmente sobre el concepto de átomo, es posible que al Hombre también le está vedada la comprensión de ciertos aspectos de la Realidad (por ejemplo, el infinito, la nada, la eternidad o las dimensiones superiores) [Horgan, 1994]. Aunque su mayor neocorteza le permita concebir modelos dinámicos más abstractos del mundo, realizar predicciones más complejas y/o analogías más profundas, es posible que no pueda comprenderse a sí mismo, de igual modo en que el ojo no puede verse a sí mismo, el cuchillo no puede cortarse a sí mismo y el fuego no puede quemarse a sí mismo. Tal vez algunos conceptos sean demasiado “expansivos” para el lenguaje corriente, desmedidamente “grandes” para la imaginación actual, ocupen un excesivo “espacio mental” o “escapen” a la red conceptual del homo sapiens. Y es que sólo puede aspirar a concebir aquello para lo cual está preparado su cerebro-mente. ¿Es probable que los robots –con un equipamiento funcional diferente del humano– desarrollen los mismos conceptos? [Moriello, 2005, p. 227]. Después de todo, la inteligencia animal está inevitablemente condicionada por la especialización evolutiva, por los estímulos que pueden reconocer y evaluar con facilidad: la inteligencia olfativa de la rata se relaciona con su vida nocturna y la inteligencia auditiva del delfín está ligada con su orientación por medio del sonar [Morgado, 2002, p. 28]. Inteligencia construida A la hora de construir inteligencias artificiales, el Hombre goza de mucha mayor libertad que la que tuvo la Naturaleza cuando “construyó” a éste. Pueden estar absolutamente liberadas de las restricciones y limitaciones de la organización mental humana. Incluso podrían hasta no tener referencia alguna con lo natural, con lo ya existente. ¿Sería capaz el homo sapiens de evitar caer en sus propias fallas: la crueldad, el vicio, la soberbia, la avaricia...? ¿Podría asimismo evitar repetir su historia: la corrupción de las grandes culturas luego de su florecimiento? Desafortunadamente, es probable que para que el androide desarrolle una inteligencia parecida a la del Hombre necesite algunas de sus supuestas “debilidades”, como el egoísmo y la ambición. Estas cualidades también forman parte de su mente [Ritchie, 1985, p. 150]. No hay contradicción en esto; después de todo, y como afirma un antiguo proverbio budista, “aunque parecen ser opuestas, ambas alas son necesarias para el vuelo de un pájaro” [Moriello, 2005, p. 228]. Ventajas La inteligencia inorgánica supera a la humana en muchos campos: la rápida ejecución de complejos cálculos matemáticos; la enorme velocidad de procesamiento y de transferencia de información; la habilidad para considerar instantáneamente muchas posibilidades diferentes; la capacidad para ocuparse de numerosas cosas al mismo tiempo y para considerar los problemas desde una perspectiva completa (no fragmentaria); la habilidad para “formar imágenes” y trabajar en espacios matemáticos multidimensionales; la destreza para manejar geometrías extrañas y conceptos alejados de la experiencia sensorial directa y habitual (como lo muy grande, lo muy pequeño, lo muy rápido, lo muy lento, o lo muy complejo); la abrumadora capacidad para absorber datos de Internet (textos, imágenes, tablas, bases de datos, videos, música, etc.), el enorme poder inferencial; el almacenamiento de grandes cantidades de información y su recuerdo indefinido sin olvido posible (no se degrada con el tiempo); la ausencia de la interferencia distorsionadora de las emociones sobre el pensamiento y la memoria; la capacidad para comunicarse a enormes velocidades (con gran cantidad de sus iguales, intercambiando y difundiendo –de forma instantánea– todos sus conocimientos, experiencias y pensamientos); y la competencia para aplicar eficazmente los principios de la lógica, de las probabilidades, de la estadística y de la relatividad [Moriello, 2005, p. 228]. Desventajas Por su parte, la inteligencia humana es muy superior a la inorgánica en muchos campos: el reconocimiento de patrones y configuraciones (y la distinción entre similitudes y diferencias); la elaboración de estrategias complejas; la creatividad, la imaginación, la inventiva, la espontaneidad, la improvisación y la intuición; la capacidad de trabajar con datos insuficientes, ambiguos y/o imprecisos; la identificación del contexto; el manejo de situaciones aproximativas, difusas o inciertas; la habilidad para enfrentarse a lo improvisto e inesperado; la interpretación de señales contradictorias y hasta caóticas; la capacidad para abstraer y generalizar; y la habilidad para extraer conclusiones acertadas y rápidas a partir de grandes cantidades de datos. También sobresalen en las habilidades homeostáticas (auto-reparación y auto-recuperación), adaptativas (flexibilidad para adecuarse al entorno), mecánicas (locomoción, navegación, control manual y coordinación sensomotora) y colectivas (entendimiento por empatía, interacción social y pensamiento grupal, comunitario y social) [Moriello, 2005, p. 228].
domingo, 20 de septiembre de 2009
Logran aumentar la inteligencia de los ratones mediante manipulación genética
Los científicos creen que hacerlo con humanos es un objetivo alcanzable
PABLO JAUREGUI
Especial para EL MUNDO
En el siglo XXI, la ingeniería genética quizá se utilizará para aumentar la inteligencia de la especie humana. De momento, un equipo de científicos estadounidenses ya ha demostrado que esto se puede conseguir con animales de laboratorio.
En un experimento espectacular, el investigador Joe Tsien, de la Universidad de Princeton, y sus colaboradores han incrementado la memoria y la capacidad de aprendizaje de unos ratones tras manipular un gen vinculado al funcionamiento del cerebro. Este trabajo, que se publica hoy en la revista Nature, sin duda va a dar un gran impulso a la búsqueda científica de técnicas para mejorar las facultades cognitivas del ser humano.
En los últimos años, los imparables avances en el campo de la genética han generado muchas especulaciones sobre un mundo futuro en el que quizá exista la posibilidad de potenciar la inteligencia de las personas con este tipo de técnicas. Según los autores del experimento, esta idea ya no debe considerarse una fantasía de ciencia ficción, sino un objetivo alcanzable: «Nuestros resultados sugieren que el aumento genético de capacidades cognitivas y mentales como la inteligencia y la memoria es factible en mamíferos», dicen.
Receptores cerebrales
En la primera fase del experimento, Tsien y sus colegas manipularon los genes de varios ratones para intentar incrementar su potencial cognitivo. La idea de los científicos fue aumentar artificialmente la producción de unos receptores cerebrales que facilitan la transmisión de mensajes entre las neuronas. En concreto, la técnica incrementó la activación de los llamados receptores NMDA, y de esta manera se fortalecieron las conexiones sinápticas en el cerebro.
Basándose en una vieja teoría sobre el aprendizaje que propuso el investigador Charles Hebb en 1949, la hipótesis de los investigadores era que esta manipulación genética aumentaría las habilidades cognitivas de los animales. Todos los ratones transgénicos se desarrollaron de una forma normal, y en general, su comportamiento era idéntico al de cualquier otro roedor. Sin embargo, al realizar varias pruebas de memoria y aprendizaje, estos ratones exhibieron habilidades muy superiores a otros ejemplares de su misma especie.
Los animales manipulados, por ejemplo, mostraron una mayor capacidad para reconocer objetos y acordarse de ellos. En una prueba inicial, los investigadores colocaron dos objetos, una esfera y un cubo, en la jaula de los ratones transgénicos, y en el de otros roedores normales. Durante este periodo de aprendizaje, todos los animales mostraron el mismo interés por ambos objetos. Sin embargo, al día siguiente, si se introducía otro elemento diferente, como por ejemplo una estrella, los ratones transgénicos mostraban mucha más curiosidad por esta novedad.
Según los científicos, esto quiere decir que los animales manipulados sabían identificar con mucha más facilidad la presencia de un objeto nuevo, y distinguirlo de otros que ya habían explorado anteriormente.
Además, los investigadores también comprobaron que los ratones transgénicos tenían una mayor facilidad para retener memorias emocionales. En una sesión inicial de aprendizaje, Tsien y sus colegas enseñaron a estos animales y a otros roedores normales a identificar el sonido de una campana con un pequeño shock eléctrico que les producía un calambre en las patas.
Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, los ratones normales se olvidaban con mucha más facilidad de la asociación entre la campana y el shock. Cuando había pasado una hora, un día, o 10 días, los animales transgénicos demostraron con sus reacciones que no habían olvidado esta lección: en cuanto oían la campana, se quedaban paralizados de miedo, al anticipar el dolor del calambre. Sin embargo, los ratones normales eran mucho más torpes, y en poco tiempo se olvidaban de esta relación.
Finalmente, en una tercera prueba, los investigadores sumergieron a los ratones manipulados y a los animales normales en un laberinto acuático. Para salir de él, los roedores tenían que encontrar una plataforma que les permitía escapar. Una vez más, los ratones transgénicos demostraron que eran unos auténticos genios comparados con los miembros normales de su especie.
En general, la superioridad cerebral de los animales manipulados casi siempre les permitía orientarse mejor y encontrar la salida del laberinto con mucha mayor facilidad. Por lo tanto, tres pruebas diferentes de memoria y aprendizaje demostraron claramente un incremento en las capacidades cognitivas de los ratones transgénicos.
Un primer paso
Jamás se había logrado una prueba científica tan clara que demostrase la posibilidad de incrementar las facultades cognitivas del cerebro mediante técnicas de ingeniería genética.
Para los autores del experimento, se trata de «una estrategia prometedora para la creación de mamíferos genéticamente modificados con una inteligencia y una memoria superiores».
Los investigadores señalan que el descubrimiento de un mecanismo cerebral que se puede manipular para incrementar la memoria podría representar una diana terapéutica ideal para luchar contra enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o los trastornos que dificultan el aprendizaje.
Como los resultados del estudio sólo se han observado con animales de laboratorio, estas aplicaciones sólo pueden considerarse esperanzas para un futuro lejano.
PABLO JAUREGUI
Especial para EL MUNDO
En el siglo XXI, la ingeniería genética quizá se utilizará para aumentar la inteligencia de la especie humana. De momento, un equipo de científicos estadounidenses ya ha demostrado que esto se puede conseguir con animales de laboratorio.
En un experimento espectacular, el investigador Joe Tsien, de la Universidad de Princeton, y sus colaboradores han incrementado la memoria y la capacidad de aprendizaje de unos ratones tras manipular un gen vinculado al funcionamiento del cerebro. Este trabajo, que se publica hoy en la revista Nature, sin duda va a dar un gran impulso a la búsqueda científica de técnicas para mejorar las facultades cognitivas del ser humano.
En los últimos años, los imparables avances en el campo de la genética han generado muchas especulaciones sobre un mundo futuro en el que quizá exista la posibilidad de potenciar la inteligencia de las personas con este tipo de técnicas. Según los autores del experimento, esta idea ya no debe considerarse una fantasía de ciencia ficción, sino un objetivo alcanzable: «Nuestros resultados sugieren que el aumento genético de capacidades cognitivas y mentales como la inteligencia y la memoria es factible en mamíferos», dicen.
Receptores cerebrales
En la primera fase del experimento, Tsien y sus colegas manipularon los genes de varios ratones para intentar incrementar su potencial cognitivo. La idea de los científicos fue aumentar artificialmente la producción de unos receptores cerebrales que facilitan la transmisión de mensajes entre las neuronas. En concreto, la técnica incrementó la activación de los llamados receptores NMDA, y de esta manera se fortalecieron las conexiones sinápticas en el cerebro.
Basándose en una vieja teoría sobre el aprendizaje que propuso el investigador Charles Hebb en 1949, la hipótesis de los investigadores era que esta manipulación genética aumentaría las habilidades cognitivas de los animales. Todos los ratones transgénicos se desarrollaron de una forma normal, y en general, su comportamiento era idéntico al de cualquier otro roedor. Sin embargo, al realizar varias pruebas de memoria y aprendizaje, estos ratones exhibieron habilidades muy superiores a otros ejemplares de su misma especie.
Los animales manipulados, por ejemplo, mostraron una mayor capacidad para reconocer objetos y acordarse de ellos. En una prueba inicial, los investigadores colocaron dos objetos, una esfera y un cubo, en la jaula de los ratones transgénicos, y en el de otros roedores normales. Durante este periodo de aprendizaje, todos los animales mostraron el mismo interés por ambos objetos. Sin embargo, al día siguiente, si se introducía otro elemento diferente, como por ejemplo una estrella, los ratones transgénicos mostraban mucha más curiosidad por esta novedad.
Según los científicos, esto quiere decir que los animales manipulados sabían identificar con mucha más facilidad la presencia de un objeto nuevo, y distinguirlo de otros que ya habían explorado anteriormente.
Además, los investigadores también comprobaron que los ratones transgénicos tenían una mayor facilidad para retener memorias emocionales. En una sesión inicial de aprendizaje, Tsien y sus colegas enseñaron a estos animales y a otros roedores normales a identificar el sonido de una campana con un pequeño shock eléctrico que les producía un calambre en las patas.
Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, los ratones normales se olvidaban con mucha más facilidad de la asociación entre la campana y el shock. Cuando había pasado una hora, un día, o 10 días, los animales transgénicos demostraron con sus reacciones que no habían olvidado esta lección: en cuanto oían la campana, se quedaban paralizados de miedo, al anticipar el dolor del calambre. Sin embargo, los ratones normales eran mucho más torpes, y en poco tiempo se olvidaban de esta relación.
Finalmente, en una tercera prueba, los investigadores sumergieron a los ratones manipulados y a los animales normales en un laberinto acuático. Para salir de él, los roedores tenían que encontrar una plataforma que les permitía escapar. Una vez más, los ratones transgénicos demostraron que eran unos auténticos genios comparados con los miembros normales de su especie.
En general, la superioridad cerebral de los animales manipulados casi siempre les permitía orientarse mejor y encontrar la salida del laberinto con mucha mayor facilidad. Por lo tanto, tres pruebas diferentes de memoria y aprendizaje demostraron claramente un incremento en las capacidades cognitivas de los ratones transgénicos.
Un primer paso
Jamás se había logrado una prueba científica tan clara que demostrase la posibilidad de incrementar las facultades cognitivas del cerebro mediante técnicas de ingeniería genética.
Para los autores del experimento, se trata de «una estrategia prometedora para la creación de mamíferos genéticamente modificados con una inteligencia y una memoria superiores».
Los investigadores señalan que el descubrimiento de un mecanismo cerebral que se puede manipular para incrementar la memoria podría representar una diana terapéutica ideal para luchar contra enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o los trastornos que dificultan el aprendizaje.
Como los resultados del estudio sólo se han observado con animales de laboratorio, estas aplicaciones sólo pueden considerarse esperanzas para un futuro lejano.
La Complejidad
Se puede pensar que mantener la vida corresponde con una lucha constante de un ejército de diablillos de Maxwell enfrentándose con las leyes de la física para conservar las condiciones altamente improbables que permiten su existencia.
Dadas estas dificultades, se ve uno tentado a atribuir carácter accidental a los organismos vivientes y a imaginar el origen de la vida como consecuencia de algún acontecimiento altamente improbable, tal como la formación "espontánea" del DNA.
Sin embargo, para nosotros, la Complejidad es una propiedad intrínseca del Universo y los procesos vitales, lejos de funcionar al margen de la naturaleza, siguen las leyes de la física adaptadas a interacciones no lineales específicas y a condiciones que distan mucho del equilibrio.
Hemos empezado a darnos cuenta que cuando la materia se extiende tanto en el espacio como en el tiempo, tiende siempre a producir niveles sofisticados de Complejidad en organización. Y continuará haciendo esto a menos que nosotros elijamos, ya sea por ignorancia o terquedad a través de nuestra ambición o estupidez, terminar este proceso, cuando menos en nuestro planeta. Bernard Towers
La Complejidad representa una frontera abierta para los físicos, una frontera que no tiene barreras prácticas en términos de gastos de investigación o de credibilidad o si acaso las tiene, serían aquellas de tipo intelectual. Esta frontera de la Complejidad es por mucho la de mayor crecimiento en la Física de hoy [ Nota 2 ].
La Teoría de la Complejidad es relativamente reciente en diversos campos de estudio, como el de la vida, del Universo, del cerebro y la mente, hasta disciplinas como la economía, la arquitectura, la ecología etc. La definición de este término presenta los problemas graves de todos los conceptos que tienen un uso común en el lenguaje diario, coloquial, cuando de pronto se les utiliza para denotar algo preciso en un lenguaje más científico. Aunque, una vez que se ha decidido la semántica del concepto, ésta debe ser consistente y el autor debe responsabilizarse por la misma. No obstante que el siempre presente contexto matiza el significado, el autor no puede eludir su responsabilidad y culpar enteramente al contexto.
Para diferentes fuentes:
La Complejidad es parte de la experiencia diaria que se encuentra en diferentes contextos en todas las manifestaciones de la vida. La Complejidad es la que produce un mundo inestable y fluctuante, responsable en última instancia de la increíble variedad y riqueza de formas y estructuras alrededor nuestro. Esta concepción se opone a la idea tradicional de un mundo físico simbolizado por la noción de un sistema planetario periódico y estable de la física tradicional. La Complejidad de un sistema depende del número de elementos que interactúan entre sí [ Nota 3 ]. Aunque para nosotros, las interacciones que se dan entre los elementos de un sistema dependen no sólo de su cantidad sino también de su calidad. Es decir, un elemento dado de un sistema puede o no tener relación con todos los otros elementos del sistema con diferentes grados de calidad.
La Complejidad es el aumento de orden en los sistemas biológicos [ Nota 4 ]. Es evidente que la organización de los sistemas biológicos no es consecuencia de una evolución hacia el desorden molecular. El orden biológico es arquitectónico, funcional y cognitivo, además, en el nivel celular y supracelular, se manifiesta por una serie de estructuras y funciones acopladas de creciente Complejidad y carácter jerárquico.
La Complejidad es la interacción de muchas partes de un sistema que da origen a conductas y propiedades, no encontradas en los elementos individuales del sistema [ Nota 5 ].
La Complejidad es una medida de Información necesaria para describir la función y estructura de un sistema. O una medida de la tasa de energía que fluye a través de un sistema de determinada masa. Es un estado intrincado, variado, que involucra una calidad que tiene muchas interacciones y diferentes componentes, como en la interconexión de partes de una estructura [ Nota 6 ]. Este autor pone mucho énfasis en la Complejidad estructural o morfológica, tanto de una anatomía externa como interna y menos énfasis en una Complejidad funcional o de comportamiento.
La Complejidad es el estudio del comportamiento de aquellas unidades de colecciones macroscópicas que están dotadas con el potencial de evolucionar en el tiempo. Es la ciencia que intenta encontrar el orden dentro de un Universo en apariencia caótico [ Nota 7 ]. Consideramos que ese potencial es el que permite a sistemas que evolucionan admitir la Información de nuevas leyes de manera que absorbiendo energía (como tal o como masa) se auto organizan para tener un comportamiento acorde con la Información de un mayor número de leyes. Nótese que esta definición excluye las unidades microscópicas. El neutrón es un buen ejemplo de lo que es un sistema complejo microscópico, más si se le estudia de acuerdo con la cromodinámica cuántica.
Para nosotros, la Complejidad (con mayúscula para denotar su singularidad) es una propiedad intrínseca de sistemas del universo que evolucionan al adquirir un mayor y más diversificado número de elementos que interactúan entre ellos. Sin embargo, esta definición escueta no satisface la complejidad de la Complejidad por lo que se requiere extender esta definición con las siguientes propiedades:
La Complejidad se da en los sistemas. Un elemento aislado no puede aumentar su Complejidad porque no interactúa con los otros elementos endógenos y exógenos de los sistemas. En el momento en que dos elementos interactúan surge un sistema.
La Complejidad es un proceso que sigue la misma ecuación no lineal de la evolución y que ocurre con base en crisis sucesivas.
La Complejidad es un índice del Conocimiento, acervo de leyes que rigen el sistema. Estos dos conceptos están tan íntimamente relacionados que se puede formular una ley de la Complejidad: En todo sistema, la Complejidad de su estructura es directamente proporcional a la Información de las leyes que rigen su funcionamiento. Como corolario: A mayor Información aceptada por un sistema, mayor grado de libertad entre los elementos o subsistemas de dicho sistema.
La Complejidad no tiene opuesto; "sencillo" no es antónimo de "complejo", sino complementario de éste. La Complejidad es un continuo que se inicia con el nacimiento del universo en un estado de mínima Complejidad y evoluciona hacia una mayor Complejidad en un proceso dinámico no lineal, es una medida de la energía potencial de la cual se derivan todas las leyes que emergen durante este proceso.
De acuerdo con esta definición, un virus es más complejo que un meteorito, porque la Complejidad, como ya se dijo, estriba no sólo en el acumulamiento de un gran número de elementos, sino también en la diversidad y calidad de sus interacciones. Así, al comparar el virus y el meteorito, la calidad de meteorito es invariable, sin que importe la cantidad de materia que se le extrajese en un amplio rango, en tanto que el virus dejaría de serlo al extraer un mínimo porcentaje de su materia.
Dadas estas dificultades, se ve uno tentado a atribuir carácter accidental a los organismos vivientes y a imaginar el origen de la vida como consecuencia de algún acontecimiento altamente improbable, tal como la formación "espontánea" del DNA.
Sin embargo, para nosotros, la Complejidad es una propiedad intrínseca del Universo y los procesos vitales, lejos de funcionar al margen de la naturaleza, siguen las leyes de la física adaptadas a interacciones no lineales específicas y a condiciones que distan mucho del equilibrio.
Hemos empezado a darnos cuenta que cuando la materia se extiende tanto en el espacio como en el tiempo, tiende siempre a producir niveles sofisticados de Complejidad en organización. Y continuará haciendo esto a menos que nosotros elijamos, ya sea por ignorancia o terquedad a través de nuestra ambición o estupidez, terminar este proceso, cuando menos en nuestro planeta. Bernard Towers
La Complejidad representa una frontera abierta para los físicos, una frontera que no tiene barreras prácticas en términos de gastos de investigación o de credibilidad o si acaso las tiene, serían aquellas de tipo intelectual. Esta frontera de la Complejidad es por mucho la de mayor crecimiento en la Física de hoy [ Nota 2 ].
La Teoría de la Complejidad es relativamente reciente en diversos campos de estudio, como el de la vida, del Universo, del cerebro y la mente, hasta disciplinas como la economía, la arquitectura, la ecología etc. La definición de este término presenta los problemas graves de todos los conceptos que tienen un uso común en el lenguaje diario, coloquial, cuando de pronto se les utiliza para denotar algo preciso en un lenguaje más científico. Aunque, una vez que se ha decidido la semántica del concepto, ésta debe ser consistente y el autor debe responsabilizarse por la misma. No obstante que el siempre presente contexto matiza el significado, el autor no puede eludir su responsabilidad y culpar enteramente al contexto.
Para diferentes fuentes:
La Complejidad es parte de la experiencia diaria que se encuentra en diferentes contextos en todas las manifestaciones de la vida. La Complejidad es la que produce un mundo inestable y fluctuante, responsable en última instancia de la increíble variedad y riqueza de formas y estructuras alrededor nuestro. Esta concepción se opone a la idea tradicional de un mundo físico simbolizado por la noción de un sistema planetario periódico y estable de la física tradicional. La Complejidad de un sistema depende del número de elementos que interactúan entre sí [ Nota 3 ]. Aunque para nosotros, las interacciones que se dan entre los elementos de un sistema dependen no sólo de su cantidad sino también de su calidad. Es decir, un elemento dado de un sistema puede o no tener relación con todos los otros elementos del sistema con diferentes grados de calidad.
La Complejidad es el aumento de orden en los sistemas biológicos [ Nota 4 ]. Es evidente que la organización de los sistemas biológicos no es consecuencia de una evolución hacia el desorden molecular. El orden biológico es arquitectónico, funcional y cognitivo, además, en el nivel celular y supracelular, se manifiesta por una serie de estructuras y funciones acopladas de creciente Complejidad y carácter jerárquico.
La Complejidad es la interacción de muchas partes de un sistema que da origen a conductas y propiedades, no encontradas en los elementos individuales del sistema [ Nota 5 ].
La Complejidad es una medida de Información necesaria para describir la función y estructura de un sistema. O una medida de la tasa de energía que fluye a través de un sistema de determinada masa. Es un estado intrincado, variado, que involucra una calidad que tiene muchas interacciones y diferentes componentes, como en la interconexión de partes de una estructura [ Nota 6 ]. Este autor pone mucho énfasis en la Complejidad estructural o morfológica, tanto de una anatomía externa como interna y menos énfasis en una Complejidad funcional o de comportamiento.
La Complejidad es el estudio del comportamiento de aquellas unidades de colecciones macroscópicas que están dotadas con el potencial de evolucionar en el tiempo. Es la ciencia que intenta encontrar el orden dentro de un Universo en apariencia caótico [ Nota 7 ]. Consideramos que ese potencial es el que permite a sistemas que evolucionan admitir la Información de nuevas leyes de manera que absorbiendo energía (como tal o como masa) se auto organizan para tener un comportamiento acorde con la Información de un mayor número de leyes. Nótese que esta definición excluye las unidades microscópicas. El neutrón es un buen ejemplo de lo que es un sistema complejo microscópico, más si se le estudia de acuerdo con la cromodinámica cuántica.
Para nosotros, la Complejidad (con mayúscula para denotar su singularidad) es una propiedad intrínseca de sistemas del universo que evolucionan al adquirir un mayor y más diversificado número de elementos que interactúan entre ellos. Sin embargo, esta definición escueta no satisface la complejidad de la Complejidad por lo que se requiere extender esta definición con las siguientes propiedades:
La Complejidad se da en los sistemas. Un elemento aislado no puede aumentar su Complejidad porque no interactúa con los otros elementos endógenos y exógenos de los sistemas. En el momento en que dos elementos interactúan surge un sistema.
La Complejidad es un proceso que sigue la misma ecuación no lineal de la evolución y que ocurre con base en crisis sucesivas.
La Complejidad es un índice del Conocimiento, acervo de leyes que rigen el sistema. Estos dos conceptos están tan íntimamente relacionados que se puede formular una ley de la Complejidad: En todo sistema, la Complejidad de su estructura es directamente proporcional a la Información de las leyes que rigen su funcionamiento. Como corolario: A mayor Información aceptada por un sistema, mayor grado de libertad entre los elementos o subsistemas de dicho sistema.
La Complejidad no tiene opuesto; "sencillo" no es antónimo de "complejo", sino complementario de éste. La Complejidad es un continuo que se inicia con el nacimiento del universo en un estado de mínima Complejidad y evoluciona hacia una mayor Complejidad en un proceso dinámico no lineal, es una medida de la energía potencial de la cual se derivan todas las leyes que emergen durante este proceso.
De acuerdo con esta definición, un virus es más complejo que un meteorito, porque la Complejidad, como ya se dijo, estriba no sólo en el acumulamiento de un gran número de elementos, sino también en la diversidad y calidad de sus interacciones. Así, al comparar el virus y el meteorito, la calidad de meteorito es invariable, sin que importe la cantidad de materia que se le extrajese en un amplio rango, en tanto que el virus dejaría de serlo al extraer un mínimo porcentaje de su materia.
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