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martes, 6 de octubre de 2009

Descubren la primera pista que relaciona inteligencia y curiosidad

Unos investigadores descubren la primera pista que relaciona inteligencia y curiosidad. El hallazgo podría dar lugar a fármacos que mejoraran el aprendizaje.
17 Sep 2009 NEOFRONTERAS.COM

�Se puede ser inteligente y carecer de curiosidad por lo que a uno le rodea? Los niños más inteligentes suelen ser los más preguntones, así que el sentido común nos dice que la respuesta a la pregunta es no; pero, ¿qué convierte a una persona en inteligente?, ¿una condición previa cuasi-innata que además aumenta la curiosidad o los conocimientos adquiridos por tener una gran curiosidad? Da la impresión que la inteligencia y la necesidad o voluntad por conocer están ligadas.
No sabemos muy bien lo que es la inteligencia, o quizás no la sabemos definir bien. Lo que sí sabemos inmediatamente es si nuestro interlocutor es o no es una persona inteligente. Se han propuesto sistemas para medir la inteligencia, como el famoso CI, aunque siempre ha habido polémica sobre si medimos o no realmente la inteligencia con él o si simplemente medimos la capacidad de superar los test de inteligencia. Y es que la inteligencia es un asunto bastante complejo y espinoso desde la corrección política. Algunos aspectos de ella sí se pueden medir bien, incluso para animales de laboratorio, como la capacidad de orientación espacial, la memoria, etc. Al parecer incluso se puede medir la curiosidad.
Ahora científicos de la Universidad de Toronto y del Hospital Monte Sinaí han descubierto un enlace molecular que liga algunas capacidades cognitivas y la curiosidad. Esto puede que dé lugar en el futuro a fármacos que mejoren el aprendizaje en humanos.
En el artículo publicado el pasado día 10 en la revista Neuron, John Roder y Bechara Saab explican el estudio con el que analizaron la interacción de dos proteínas en una pequeña región del cerebro denominada circunvolución dentada. Esta región forma parte del hipocampo (trozo del cerebro que juega un papel importante en la memoria a largo plazo y en la orientación espacial) y que estaba relativamente inexplorada en el pasado.
En el estudio se aumentó en una vez y media la presencia de la proteína NCS-1 (sensor de calcio neuronal en sus siglas en inglés) en la circunvolución dentada de ratones de laboratorio. NCS-1 es conocida por afectar a la memoria de gusanos en pruebas de laboratorio y de estar relacionada con la esquizofrenia y el desorden bipolar en humanos. Esta modesta sobreexpresión incrementó la habilidad de las neuronas para comunicarse entre sí y proporcionó a los ratones una memoria superior en tareas complejas. También aumentó significativamente el comportamiento exploratorios de los ratones, es decir, incrementó su curiosidad.
Como el aumento del comportamiento exploratorio se dio solamente en un ambiente controlado y seguro, es decir, que los ratones no tenían mayor necesidad exploratoria ni se sentían más amenazados que los ratones sin tratar, Rober y Saab creen que han descubierto una región del cerebro que genera curiosidad y un modelo de cómo la actividad cerebral lleva a la curiosidad.
Los investigadores descubrieron además que tanto la curiosidad como la memoria espacial se vieron disminuidas cuando se administró a los ratones un fármaco que evita que la NCS-1 se una a los receptores tipo II de la dopamina (el blanco típico para los antipsicóticos) en la circunvolución dentada. Este fármaco es supuestamente benigno y fue desarrollado en el hospital Monte Sinaí.
Según Saab ahora que ya se sabe que algunas moléculas y regiones cerebrales que controlan el aprendizaje y la memoria, además controlan la curiosidad. Según él se podría ir al laboratorio y diseñar un fármaco que mejorase las capacidades cognitivas humanas, lo que constituiría un beneficio en el futuro.
De momento se puede usar ya este nuevo hallazgo para investigar si la curiosidad está relacionada con la inteligencia o viceversa.
Desde aquí sólo añadir que los lectores de esta web parecen tener curiosidad por el mundo, así que deben de ser inteligentes.

jueves, 17 de septiembre de 2009

El presente es inalcanzable para el cerebro

El tiempo de nuestra percepción está atrasado medio segundo respecto al tiempo real de los acontecimientos. El cerebro no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre, ya que el tiempo de nuestras percepciones está retrasado alrededor de medio segundo respecto al tiempo real. Así lo explica el neurólogo de California Benjamín Libet en su nuevo libro Mind Time: The Temporal Factor in Consciousness, que suscita nuevos interrogantes sobre los mecanismos de la conciencia. Libet ha constatado que para que un acontecimiento pase el umbral de la conciencia y sea registrado por una persona, el tiempo desempeña un papel fundamental, ya que si el acontecimiento ocurrido no dura más de medio segundo, el consciente humano sencillamente lo ignora.
(Tendencias Científicas) Nuestro cerebro necesita medio segundo de tiempo para que un estímulo pase del inconsciente al consciente, según descubrió el neurólogo de la Universidad de California Benjamín Libet. Según sus investigaciones, adquirimos conciencia de la realidad con cierto retraso respecto a la velocidad de los acontecimientos, tan sólo una vez que ha transcurrido medio segundo.
Para Benjamín Libet, por ello no tenemos ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre. Lo explica en su nuevo libro Mind Time: The Temporal Factor in Consciousness, del que Stephen M. Kosslyn ha realizado un interesante extracto. La obra constituye una presentación de los últimos trabajos de Libet sobre los mecanismos de la conciencia.
En uno de sus experimentos, Libet puso electrodos sobre el córtex somatosensitivo de pacientes despiertos. El córtex somatosensitivo es la región del cerebro sobre las que circulan las informaciones sensoriales registradas a lo largo del cuerpo. Puede consultarse al respecto el trabajo de Kulisevsky La organización del movimiento: estructura y función de los ganglios basales.
Con la ayuda de una débil corriente eléctrica, Libet provocó sensaciones en la superficie de la piel de los pacientes cuya duración temporal variaba deliberadamente. Comprobó que si disminuía la duración de los impulsos eléctricos, los pacientes percibían cada vez menos esta agresión y que por debajo de las 500 milésimas de segundo, no se enteraban de nada de lo que ocurría sobre su piel.
Su conclusión es que para que un acontecimiento pase el umbral de la conciencia y sea registrado por un sujeto, el tiempo desempeña un papel fundamental, ya que si el acontecimiento ocurrido sobre la piel no dura más de medio segundo, el consciente humano sencillamente lo ignora.
No es la primera vez que Benjamin Libet sorprende con sus descubrimientos sobre la conciencia. Anteriormente había demostrado también que nuestro cerebro toma las decisiones casi un segundo antes de que las asumamos conscientemente. Esta constatación ha llevado a algunos científicos, como Wolf Singer, a dudar de la real existencia del libre albedrío.
Para obtener este resultado, Libet utilizó pacientes que se mantuvieron despiertos cuando eran sometidos a un episodio de cirugía cerebral. Les pidió que movieran uno de sus dedos mientras observaba electrónicamente su actividad cerebral. De esta forma pudo comprobar que hay un cuarto de segundo de retraso entre la decisión de mover el dedo y el momento presente.
Roger Penrose, en su obra La Nueva Mente del Emperador (1989), ya describía dos experimentos que tienen que ver con el tiempo que necesita la conciencia para actuar y ser activada. El primero de estos se refería al papel activo de la consciencia y el segundo a su papel pasivo.

La mente humana se mueve en un continuo

Los procesos mentales se asemejan más a los sistemas dinámicos que a los informáticos, según un estudio realizado en la Universidad de Cornell. Más que usar paquetes de información que circulan de una neurona a otra, la mente humana se mueve en un continuo en el que recurre a la superposición de estados antes de tomar una decisión, en vez de elegir una vez y corregir después. En este nuevo modelo, la percepción y el conocimiento son descritos como una trayectoria continua a través de un espacio mental. Lo que puede desprenderse de esta investigación es que el proceso de conocimiento se asemeja más a los principios de la informática cuántica que a los de la informática convencional, por lo que de alguna forma sigue existiendo un paralelismo entre los procesos mentales y los informáticos. Por Eduardo Martínez de Tendencias Científicas.
05 Jul 2005 TENDENCIAS CIENTÍFICAS
C
ientíficos de la Universidad de Cornell han descubierto que la mente humana no trabaja como un ordenador, usando paquetes de información que circulan de una neurona a otra, como se pensaba hasta ahora, sino que es un continuo dinámico en el que no hay vacíos de ninguna especie que funciona como los organismos biológicos.
Según explica Michael Spivey, profesor de psicología y psicolingüística de dicha universidad, en un artículo publicado en la revista
Proceedings of the National Academy of Sciences, la investigación evaluó la forma de pensar de un grupo de estudiantes siguiendo los movimientos de una serie de ratones del ordenador con los que los estudiantes trabajaron. La Universidad de Cornell también ha explicado el descubrimiento en un comunicado.
El experimento consistía en que 42 alumnos escuchaban instrucciones para señalar imágenes de diferentes objetos en la pantalla de un ordenador. Cuando los alumnos oían una palabra como “peluca” y aparecían dos objetos cuyos nombres no sonaban igual, como una peluca y una chaqueta, la trayectoria del movimiento del ratón era recta y rápida hacia la palabra pronunciada.
Sin embargo, cuando los estudiantes oían una palabra y ante ellos aparecían dos objetos cuyos nombres eran parecidos, la elección adecuada era más lenta, y las trayectorias de sus ratones más curvas.
Posición intermedia
Cuando había ambigüedad, por tanto, los participantes en el estudio no sabían en principio qué imagen era la correcta y, durante algunas docenas de milisegundos, se encontraban en varios estados mentales a la vez. No movían el ratón hacia una de las posibilidades y luego rectificaban, sino que lo dejaban en una zona intermedia, en una especie de superposición de estados donde se confundían las dos opciones posibles: peluca y chaqueta.
La superposición de estados, en realidad, describe un fenómeno cuántico según el cual las particulas elementales no están diferenciadas individualmente entre sí, como las gotas de agua dispersas en una mesa, sino en una superposición de estados, como las gotas contenidas en un vaso de agua, con una probabilidad de materializarse (de convertirse en gota de agua) para cada uno de esos estados dependiendo de determinadas circunstancias.
En el experimento, el grado de curvatura de la trayectoria del ratón mostraba cómo los objetos que no eran los pronunciados competían en su interpretación con los correctos. La resolución final era por tanto aleatoria y gradual, en lugar de directa o definida, tal como sucede en los sistemas dinámicos.
Los sistemas dinámicos son fundamentales para la comprensión de la Teoría de Sistemas y para el análisis y control de procesos en general. Están relacionados con la llamada Teoría del Caos, en cuanto que se comportan de forma aleatoria y completamente impredecible. Esta teoría estudia los comportamientos aleatorios de los sistemas.
La mente como sistema dinámico
En el campo de las ciencias neuronales y cognitivas, siempre se han tratado los procesos mentales como traspasos de paquetes de información completos de una forma estrictamente dirigida de un módulo cognitivo al siguiente, o como una cadena de símbolos binarios singulares, como ocurre en un ordenador.
Sin embargo, un número creciente de estudios como éste parece apoyar la visión de sistema dinámico para definir la mente. En este modelo, la percepción y el conocimiento son descritos como una trayectoria continua a través de un espacio mental. Los patrones de activación neuronal fluyen hacia atrás y hacia delante generándose de manera no lineal, auto-organizada, como en un organismo biológico.
Un cambio no lineal es aquel que no se basa en una simple relación proporcional entre causa y efecto. Por lo tanto, cuando se usa para referirse a cambios, éstos suelen ser bruscos, inesperados y difíciles de prever: inesperados o caóticos.
La metáfora del ordenador, que describe el conocimiento como un estado concreto, por ejemplo de encendido o apagado o en valores de ceros y unos, y en un estado estático hasta que se pone en marcha, podría por lo tanto quedar obsoleta.
Modelo cuántico del conocimiento
La perspectiva de la ambigüedad intermedia entre una decisión y otra propone un modelo nuevo, que supone que el conocimiento funciona como cualquier organismo vivo, esto es, que los procesos sensoriales son continuos y complejos, y que se definen hacia un punto siguiendo ecuaciones similares a las de los sistemas dinámicos.
Lo que puede desprenderse de esta investigación es que el proceso de conocimiento se asemeja más a los principios de la informática cuántica que a los de la informática convencional. Esta informática se basa en el sistema de numeración binario o de base 2. Es un sistema posicional que utiliza sólo dos símbolos para representar un número. Las combinaciones de unos y ceros estructuran los programas y mensajes.
La informática cuántica, por el contrario, se basa en la superposición de estados, tal como explicamos en otro artículo de esta revista. Su unidad de información es el qubit, que representa la superposición de unos y ceros, una cualidad imposible en el universo clásico.
Al considerar que el pensamiento y la cognición, más que seleccionar entre dos estados posibles, mantienen una ambigüedad intermedia que se asemeja a la superposición de estados, la nueva teoría sobre los procesos mentales parece imitar más a la informática cuántica que a la informática clásica. En cierta forma, por tanto, sigue existiendo un paralelismo entre los procesos mentales y los informáticos.

Un científico asegura que el alma tiene una explicación bioquímica

Es Francis Crick, el Premio Nobel que fue uno de los descubridores de la estructura del ADN. Explica que en el cerebro humano hay un grupo de neuronas que son el origen de la conciencia y el alma.
(Clarín) Tiempos difíciles para el alma humana, que no existe como algo sobrenatural, según el famoso científico británico Francis Crick, Premio Nobel 1962, que hace medio siglo anunció con el norteamericano James Watson un descubrimiento genético destinado a revolucionar el mundo: la estructura del ADN, la doble hélice que contiene los secretos de la vida. La conciencia, afirma ahora Crick en la revista Nature, es "una banal fusión de neuronas del cerebro".
Nature fue la misma revista que en su edición del 25 de abril de 1953 publicó el artículo del descubrimiento del ADN, el ácido desoxirribonucleico, que encierra los misterios de los genes humanos. Crick y Watson habían escrito a comienzos de marzo un artículo de apenas 900 palabras, que Nature publicó en una página y que sólo el diario News Chronicle saludó brevemente el 26 de abril con el título "Más cerca del secreto de la vida".
Cincuenta años más tarde, Francis Crick, que hoy tiene 86 años, lanza las bases de un nuevo descubrimiento destinado a desatar grandes polémicas. El impacto esta vez ha sido también enorme y en la prensa británica ha sido considerado "la madre de todas las batallas entre ciencia y religión, entre pruebas tangibles y el reino de la fe".
Crick sostiene en un artículo de Nature Neuroscience que en el cerebro humano hay un grupo de neuronas que son el origen de la conciencia y del alma. El científico británico abandonó los estudios de genética después del gran descubrimiento del ADN y tras dedicarse a investigaciones de biología celular y evolucionista, desde 1976 se dedicó al cerebro humano, a buscar las bases científicas de un objeto tan intangible como es la conciencia.
Si su negación del carácter sobrenatural del alma se confirma "sufrirá un grave golpe el reino del Divino", señala un diario italiano. Crick destaca que lo que afirma es el resultado de investigaciones y búsquedas en el inconsciente que ha realizado durante muchos años para individualizar cuáles son los mecanismos científicos de la conciencia.
Hace tiempo que Francis Crick escribe y reafirma que "la convicción científica es que nuestras mentes, el comportamiento de nuestros cerebros, pueden ser íntegramente explicados por la interacción de las células celebrales".
El profesor de ciencias neurológicas del Instituto de Tecnología de California Christopher Koch, coautor del estudio con Crick, dice que "es evidente que la conciencia nace de reacciones bioquímicas del cerebro".
Ambos describen en la investigación los mecanismos a través de los cuales distintas partes del cerebro humano se funden las unas con las otras para crear "un sentido de conciencia".
Es lo que los creyentes llaman el alma, afirman. "Por primera vez tenemos un esquema coherente de los correlatos neurales de la conciencia en términos filosóficos, psicológicos y neurales".
De inmediato les respondió el reverendo Michael Reiss, religioso y científico a la vez, profesor de la Universidad de Londres, quien redujo al mínimo la magnitud del descubrimiento: "Lo que Crick ha descubierto son los componentes neurológicos de la conciencia. Es como decir que una catedral es un conjunto de piedras y vidrios. Cierto, pero se trata de una constatación simplista."
Francis Crick sigue adelante con sus investigaciones en el instituto californiano que lleva el nombre de Jonas Salk, el descubridor de la vacuna contra la poliomielitis. Los resultados publicados en Nature concluyen años dedicados a demostrar que "un día la humanidad aceptará el concepto de que el alma y la promesa de la vida eterna no existen, así como hace siglos debió aceptar que la Tierra era redonda".
Si Crick ha causado un nuevo impacto a nivel mundial en medio de las celebraciones del medio siglo del descubrimiento del ADN, el otro Premio Nobel que compartió con él la gloria, James Watson, también causó sensación cuando, entrevistado por la BBC de Londres hace diez días, dijo que la estupidez humana es una enfermedad y que por lo tanto puede ser curada.
Una interesante aunque preocupada respuesta del lado de los creyentes a los filósofos de la mente, a los neurocientíficos y a los teóricos de la inteligencia artificial la ha dado el joven estudioso italiano Andrea Vaccaro, con su libro ¿Por qué renunciar al alma? Vaccaro sostiene que es formidable el intento de abolir el alma, sobre todo por corrientes de pensamiento que predominan en Estados Unidos y Gran Bretaña.
El estudioso italiano destaca que las neurociencias han convertido lo que antes se llamaban "estados de ánimo" en "estados químicos regulables farmacéuticamente", y que "apuntan a demostrar que las funciones hasta ahora atribuidas al alma —humores, sentimientos, autoconciencia, intuiciones— son en realidad operaciones del cerebro".
El grito de alarma de Vaccaro es que se propone censar esas operaciones para "mañana reproducirlas artificialmente". El alma se convierte así "en un concepto superfluo. Para explicar al hombre es suficiente conocer en detalle su cerebro, que no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir a la muerte".
La embestida encuentra mal parados a los hombres de la Iglesia y a los teólogos. "Y esto es riesgoso", afirma Vaccaro. La Iglesia "corre el peligro de retirarse a la aldea del alma", cuando es esencial para el cristianismo, porque es la huella que Dios ha dado al hombre. El alma "no es, como piensan los neurofilósofos, una perfecta y exquisita danza neurocomputacional".

La conciencia humana se genera en la parte posterior del córtex cerebral

Fueron descubiertos los mecanismos neuronales que permiten al cerebro darse cuenta del entorno y de los procesos subjetivos. El córtex es la región del cerebro que genera la conciencia del entorno y de uno mismo, según una investigación que describe por vez primera los mecanismos neuronales del psiquismo humano. Aunque la investigación sobre la formación de la conciencia está aún en un estado primitivo, sus autores consideran que las facultades de nuestro cerebro pueden explicarse totalmente por la interacción de las células nerviosas.
(Tendencias científicas) La conciencia humana y la percepción de la individualidad se generan en un determinado espacio del cerebro situada en la parte posterior del córtex, lo que convierte estos fenómenos en meros episodios de las reacciones bioquímicas del cerebro, según una investigación realizada por el Premio Nobel Francis Crick, uno de los descubridores de la estructura del ADN, que publica la revista Nature Neuroscience.
La investigación pretendía determinar la relación neuronal de la conciencia (neural correlate of consciousness o NCC) o, lo que es lo mismo, las bases neurobiológicas de esta facultad superior del psiquismo humano. El córtex emerge como la región del cerebro donde se generan los procesos de la conciencia. Es una sofisticada e interconectada red neuronal que sustenta la percepción a través de nodos que expresan cada uno de ellos un aspecto de la percepción.
Un nodo por sí mismo no es capaz de generar conciencia ni de sostener la noción de individualidad, pero los nodos se activan y desactivan en función de una serie de coaliciones de neuronas que son las que amplían la capacidad cerebral y generan la conciencia de los procesos subjetivos y del entorno.
Estado primitivo de investigación
Aún reconociendo que las investigaciones sobre el papel de las neuronas en la formación de la conciencia están en un estado primitivo, Francis Crick considera que el comportamiento de nuestro cerebro puede explicarse totalmente por la interacción de las células nerviosas, lo que ha verificado mediante la investigación que hace pública ahora, en el 50 aniversario del descubrimiento de la doble hélice del ADN.
La investigación de Francis Crick, realizada conjuntamente con Christof Koch, se basa en años de experimentación, incluidos estudios con pacientes que sufrían lesiones cerebrales, pruebas con animales e investigaciones psicológicas.
Algunos de los datos de mayor valor provienen de estudios realizados con pacientes epilépticos, en cuyo cerebro se colocaron diminutas sondas para evaluar sus ataques.
El estudio describe cómo distintas partes del cerebro se interrelacionan para producir la conciencia. Por primera vez disponemos de un esquema coherente sobre las correlaciones neuronales de la conciencia en términos filosóficos, psicológicos y neuronales, señala el estudio.
Derivación hacia la IA
El proceso también podría ser activado (estado de vigilia) o desactivado (estado de coma), si bien algunas experiencias en neurobiología parecen contradecir esta hipótesis.
Las aproximaciones a la noción, funcionamiento y mecanismos de la conciencia, aparte de su interés filosófico y neurobiológico, tiene el atractivo de perfilar investigaciones en otro terreno no menos importante, como el de la inteligencia artificial, que desde 1955 intenta replicar informáticamente las funciones superiores del psiquismo humano.
El Instituto Riken de Japón es paradigmático en los proyectos de réplica del cerebro humano, ya que trabaja en tres programas diferentes que pretenden por un lado comprender el cerebro, por otro protegerlo y finalmente recrearlo artificialmente, con todas sus facultades superiores, incluidas la conciencia, el pensamiento, la memoria y la intuición.
La inteligencia artificial pretende replicar y superar esta capacidad del cerebro en sofisticadas y complejas máquinas adecuadamente programadas.

Adam Zeman: "En cierto sentido, el cerebro es muy parecido a una máquina"

Se trata de uno de los más destacados estudiosos de la conciencia. Para el científico, algunos aspectos de la mente tal vez sean indescifrables. Está en Buenos Aires para participar del III Simposio de Neurociencias de Fleni. Es autor de La conciencia, una guía de uso (Conciousness, a user´s guide, Yale University Press).
(La Nación) Un día, un hombre muy inteligente y en el que no se manifiesta ningún déficit cognitivo, pierde súbitamente la capacidad de imaginar. Otro sufre un accidente cerebrovascular que deja la mitad de su cuerpo paralizado, pero sin embargo "siente" que mueve los miembros, aunque no los reconoce como propios. Un tercero es capaz de ser perfectamente normal durante la vigilia mientras experimenta episodios de sonambulismo durante los que puede llegar a cometer un asesinato.
Casos como éstos son el desafío cotidiano de Adam Zeman, autor de Conciousness, a user´s guide (Yale University Press, 2003), investigador del Departamento de Neurociencias Clínicas de la Universidad de Edimburgo, en Gran Bretaña, y uno de los más destacados expertos internacionales en el estudio de la conciencia.
"Es un conocimiento que no puede guardarse sólo para los académicos", dice Zeman, que estudió filosofía y psicología antes de dedicarse a la medicina, y que esta semana está en Buenos Aires para dar una conferencia en el Simposio de Neurociencias de Fleni, que se realiza desde mañana en el Hotel Intercontinental, y para trabajar con el grupo de Facundo Manes, de la misma institución.
—Doctor Zeman, en estos días se discutieron mucho los casos de Terri Schiavo, que murió tras ser desconectada de los medios de alimentación mecánicos después de estar 15 años en vida vegetativa, y de Donald Herbert, el bombero norteamericano que "despertó" después de diez años en la misma condición. ¿Sabe la ciencia exactamente dónde trazar la línea entre la conciencia y la muerte mental?
—Realmente es muy difícil. ¿Cómo se puede saber que la conciencia se perdió y nunca volverá? Los indicadores del comportamiento pueden ser insuficientes y podría cometerse un error fácilmente, porque los signos de la conciencia son muy sutiles. En teoría, podría haber una persona totalmente incapaz de comunicar su experiencia y sin embargo tenerla, lo que por supuesto ocurre en los pacientes que están anestesiados y recobran la conciencia, o en los pacientes que están paralizados pero plenamente conscientes. De modo que hay que desarrollar técnicas que hagan posible evaluar la actividad cerebral para que se pueda determinar si una persona está o no consciente. Ese trabajo está en marcha, pero todavía no se completó, no llegó al punto en que es posible hacer esas distinciones en forma totalmente confiable.
—Si usted tuviera un caso como el de Terri Schiavo, ¿permitiría que le retiraran el tratamiento?
—En la práctica, creo que no hay duda de que existen pacientes en estado vegetativo, con ciclos de sueño y vigilia, pero sin conciencia. Por ejemplo, después de un accidente o un ataque cardíaco que ha privado durante mucho tiempo de oxígeno al cerebro. Cuando uno toma imágenes funcionales de esos pacientes para verificar el ritmo metabólico, lo encuentra en niveles muy bajos, como si estuvieran profundamente anestesiados. Si tuviera un paciente en esa situación, y se coincidiera en que es inútil continuar con el tratamiento, estaría de acuerdo. Hay, sin embargo, casos en los que es más difícil establecerlo.
—¿Cómo explicaría la recuperación de Herbert, el bombero?
—Generalmente es tentador pensar que la conciencia puede encenderse y apagarse como una lamparita eléctrica, pero la experiencia clínica sugiere que no es así.
No conozco ese caso en particular, pero cuando los pacientes están en coma o en estado vegetativo durante algún tiempo, comienzan a recuperarse gradualmente y es muy inusual que alcancen una recuperación cognitiva completa. Pueden emerger del estado vegetativo, pero lentamente y con alguna discapacidad. Cuando los pacientes parecen saltar entre estados conscientes e inconscientes, uno se pregunta si hubo una inadecuada observación clínica a lo largo del tiempo: la recuperación puede en realidad haber estado ocurriendo sin que se la registrara.
Por otro lado, a veces se presume que el estado vegetativo es un estado de coma permanente, pero es bastante común que la gente que ha tenido un trauma y se mantiene así durante unas semanas se recupere.
—Desde el punto de vista biológico, ¿qué sucede en esos casos? ¿Se recuperan las neuronas o se crean nuevas?
—Es casi seguro que se recupera la función de las neuronas existentes. Por otro lado, lo que hace la diferencia entre conciencia e inconsciencia no es tanto una gran mejora en el metabolismo cerebral, sino la recuperación de conectividad, de un complejo conjunto de interconexiones.
Conectividad, la clave
—¿Se sabe dónde está la "sede" de la conciencia?
—El consenso actual sería que reside en un complejo conjunto de interconexiones que se establecen entre las regiones corticales y las talámicas.
Hubo un tiempo en que parecía que el ciclo de sueño y vigilia era controlado por el tronco encefálico y que la conciencia tenía que ver con el córtex. Se creía que lo que pasaba en el estado vegetativo era que el daño cerebral había pasado por alto el tronco encefálico, pero había arrasado el córtex. El estado vegetativo se consideraba un estado de silencio cortical. Pero no es cierto. Si uno registra la actividad cerebral de un paciente en estado vegetativo, puede detectar respuesta cortical, pero lo que sucede es que ésta no se propaga a través del córtex, es focalizada. A medida que los pacientes recuperan la conciencia, esa actividad se propaga a través del cerebro y se establecen las interconexiones.
—Hace varios años Marvin Minsky escribió The society of mind y postuló que la mente emerge de una cantidad de "agentes" individuales que no son "inteligentes". ¿Algo similar podría decirse de la conciencia?
—Bueno, ciertamente, ése es el consenso actual, que uno tiene muchos módulos en el córtex que operan inconscientemente y cuando se comunican uno con otro aparece la conciencia. La evidencia con que contamos respalda esa idea. Sin embargo, hay un problema: para que podamos obtener evidencia de la conciencia tiene que haber una manifestación objetiva que podamos detectar o medir. Pero en teoría es posible que una parte del cerebro tenga experiencias que sea incapaz de comunicar. Es un problema un tanto filosófico. Si algo así existe, pondría un límite a la completitud del enfoque científico del problema de la conciencia. Claro que no todos están de acuerdo.
—¿Hay algún componente de la conciencia, como la vista o la memoria, que sea más importante que los demás, que sea el primordial?
—Supongo que el componente central reúne elementos de la atención y la memoria de trabajo, que es la que mantiene información en la mente durante un período corto. Me parece que sin eso se pierde la esencia de la conciencia. Uno puede prescindir del oído, la vista, el gusto, la capacidad de formar memorias de largo plazo... Pero tiene que poseer cierta capacidad de prestar atención y de mantener información en la mente.
—Usted describe la mente como si fuera una máquina. ¿Queda espacio para el libre albedrío?
—Bueno, el cerebro es muy parecido a una máquina. Si uno piensa en términos neurofisiológicos, no parece haber mucho lugar para el libre albedrío.

Científicos estudian a los magos para entender la mente humana

��Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real”, sostenía Borges. “El mundo es pura ilusión, no hay nunca una réplica exacta de la realidad”, advierte la coruñesa Susana Martínez-Conde, una de las neurocientíficas más reputadas en Estados Unidos, directora a sus 39 años del Laboratorio de Neurociencia Visual del Barrow Neurological Institute de Phoenix (uno de los centros neurológicos punteros en el mundo), colaboradora del Nobel David Hubel en Harvard, cuyas investigaciones han ocupado ya diversas portadas de publicaciones científicas tan prestigiosas como Scientific American, Nature o Proceedings of the National Academy of Sciencies.
La neurocientífica coruñesa se ha convertido además en un fenómeno mediático al haber convencido a varios magos estadounidenses de primer nivel internacional como James The amazing Randi. John Thompson (The Great Tomsoni), Teller, Mac King o Apollo Robbins para que se sometieran a un experimento científico en Las Vegas que fue seguido con gran expectación —y alguna polémica por parte de la comunidad de magos— por el rotativo The New York Times.
La visión científica de Susana Martínez-Conde rompe moldes. “El cerebro no intenta reconstruir la realidad tal y como es, sino que construye nuestra experiencia subjetiva, y la correspondencia nunca es total. Funcionamos con versiones propias, aunque bastante buenas de la realidad”.
Sus investigaciones, que se encuadran en el gran reto del descubrimiento de la las bases neuronales del cerebro que subyacen en la consciencia —el gran misterio por desvelar de la mente humana que Susana confía en que se alcance en unos cincuenta años—, pasan en este momento por descubrir cómo se genera exactamente nuestra experiencia visual en el cerebro, cómo se establece la conexión prácticamente mágica entre los circuitos neuronales y la luz que captan nuestros ojos. Y Susana está convencida de que algunas respuestas a este enigma se esconden en las ilusiones milenarias de la Magia.
“Los magos son grandes artistas de la cognición, porque, en el fondo, la magia es la manipulación de la atención —explica Susana Martínez-Conde—. Esta es una colaboración que es bastante reciente todavía, pero sí hemos visto que los magos nos proporcionan recursos que desde la neurociencia cognitiva podemos explotar para llegar a entender de una manera más completa, quizás de una manera más eficaz, el funcionamiento de la atención y de la cognición en el sistema nervioso humano. La magia es una forma de arte que se remonta a siglos, si no a milenios, y a lo largo de todo este tiempo han conseguido alcanzar un grado de sofisticación en la manipulación y la canalización de la atención que justo acabamos de comenzar en la ciencia cognitiva. Yo he llegado a decir alguna vez que pienso que desde el punto de vista de la ciencia cognitiva muchas veces hemos estado reinventando la rueda, mientras que si nos hubiésemos fijado en lo que estaban haciendo los magos se hubiera progresado más rápido. Pero a pesar de que de alguna manera se ha avanzado en paralelo en ciencia y en magia con respecto a la manipulación de la atención, creo que todavía existen una serie de cosas que podemos aprender de los magos, y estamos llevando a cabo experimentos en colaboración con algunos de los magos más conocidos en Estados Unidos”.
La última frontera de la ciencia
El gran escritor de ciencia ficción y divulgador científico Isaac Asimov señaló irónicamente en una ocasión que el hombre llegaría a desvelar los grandes enigmas del universo mucho antes que los de su propia mente.
El conocimiento de nuestro hemético universo interior es aún la última frontera de la ciencia, a pesar de los asombrosos avances registrados en la última década.
“Sí, se ha avanzado mucho, pero queda muchísimo más por resolver —reconoce la nuerocientífica coruñesa Susana Martínez-Conde—. Yo creo que la analogía con el estudio del universo también funciona en este sentido, que aunque quizás hemos descubierto muchas cosas sobre la naturaleza y los orígenes del universo, la cantidad de conocimiento es ínfima comparada con el conocimiento que queda por alcanzar. Y con el cerebro, que es el universo interior, ocurre lo mismo”.
Susana Martínez-Conde considera que los caminos abiertos en el intrincado laberinto de la mente están en sus comienzos. “El cerebro continúa siendo un gran misterio y va a seguir siéndolo todavía durante una temporada larga. Tenemos más de dos docenas de áreas en el cerebro dedicadas solamente al procesamiento de la información visual y apenas sabemos cómo funcionan las tres primeras y, aún así, no sabemos todo lo que hay que saber sobre ellas”.
Las prestigiosas publicaciones Nature Reviews Neurosciencie y Scientific American recogieron las conclusiones de los experimentos dirigidos por Susana Martinez-Conde en colaboración con su marido Stephen Macknick —director del departamento de Neurosociología del Comportamiento en el Instituto Barrow— con cinco de los más relevantes magos estadounidenses durante un congreso en Las Vegas de la Asociación para el Estudio Científico de la Consciencia.
“Nos hemos dado cuenta por ejemplo, de que los magos tienen la intuición de que la atención del espectador se manipula de manera diferente dependiendo de si el movimiento de la mano del mago es curvado o rectilíneo. Esto nos ha dado que pensar y nos ha sugerido la posibilidad de que estos dos tipos de movimientos estén activando dos diferentes sistemas óculomotores en el cerebro. Los magos usan en sus trucos estos dos movimientos de esa manera: si quieren que la atención del espectador esté sostenida durante toda la trayectoria del movimiento, hará un movimiento curvado con la mano; si por el contrario quiere que la atención salte del punto inicial al final, hará un movimiento rectílineo. Desde un punto de vista científico, es interesante probar si esa manipulación de la atención que los magos practican por intuición, está realmente activando dos diferentes sistema cerebrales y eso es lo que estamos investigando en colaboración con los magos”.
Resulta sorprendente que los magos se hayan prestado sin reservas a participar en un experimento cuyos resultados pueden restar una atmósfera de misterio al mundo de la magia. Lo cierto es que la investigación tropezó con algunos problemas por este motivo. “No hubo problemas con los magos que participaron en el experimento, pero hay que tener en cuenta que es un grupo bastante especial de magos, no sólo porque son figuras de primer nivel en Estados Unidos y también internacionalmente, sino que además estaban ya muy interesados en los principios de la ciencia cognitiva que pueden estar subyacentes en la percepción de la magia. Ellos por su cuenta estaban ya familiarizados con lo publicado en revistas de divulgación científica sobre la manipulación de la atención en laboratorios y les animaba mucho la posibilidad de establecer este diálogo con neurocientíficos. Pero sí hay un sector de magos que se mostraron preocupados por que se pudieran revelar algunos de los grandes trucos al público. Nosotros citamos a esos cinco magos en Las Vegas para que vinieran a presentar sus ilusiones, pero estábamos menos interesados en saber cómo funciona mecánicamente el truco de magia que en saber cómo intuyen ellos que funciona la mente del espectador”, matiza Susana Martínez-Conde.
En la foto: Los magos The Great Tomsoni, Apollo Robbins, y Teller en la investigación neurológica.
El caso es que el experimento tuvo un gran éxito y una mayor notoriedad mediática. “El New York Times dedicó un reportaje a uno de los magos participantes, Teller, en el que desveló la mecánica de un truco conocido como el sueño del avaro, en el que que parecen surgir monedas de todas partes, del mismísimo aire. Esto no gustó a un gran sector de la comunidad de magos. Pero Teller es famoso entre otras cosas por desvelar trucos, lo hace a menudo en sus espectáculos”. Los magos establecieron en cualquier caso un quid pro quo al aceptar su colaboración. “Sí —reconoce la neurocientífica coruñesa—, al plantearse el experimento, nos hicieron saber que les gustaría que no sólo la neurociencia se beneficiara de lo que sabían los magos, sino que ellos pretendían en correspondencia aprovechar esos conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro para poder desarrollar nuevos trucos de magia hasta ahora desconocidos. Y por lo que he escuchado últimamente, alguno como Teller está ya tratando de aplicarlo en su espectáculo”. La iniciativa científica, que llamó la atención de los grandes medios estadounidenses como el New York Times, tendrá este verano una réplica en España, durante un simposium que se celebrará en la localidad pirenaica de Benasque del 12 al 16 del próximo mes de julio.
“Durante este congreso vamos a emparejar científicos con artistas procedentes de todos los campos de la percepción sensorial. Mi marido y yo vamos a dar una presentación conjunta con Luis Piedrahita, que también es de Coruña por cierto. Otro mago coruñés con el que planeamos futuras colaboraciones es Quico Pastur, que me ha invitado a dar una conferencia en el Congreso Nacional de Magia que se celebrará en A Coruña en 2010”. El periplo mágico de Susana Martínez-Conde no acaba ahí, también acudirá a la Olimpiada Mundial de la Magia en Pekín, donde se dan cita los maestros del misterio cada tres años, para asistir al espectáculo de Juan Tamariz, con el que colabora en una exhibición sobre magia y percepción que CosmoCaixa mostrará en Madrid y Barcelon. Al paso que va, quizá llegue un momento en que esta coruñesa tenga que tomar una decisión entre la magia y la neurociencia. Las risas de Susana preceden a su respuesta: “No, no lo creo. La magia es sólo un recurso que me parece muy interesante desde el punto de vista neurocientífico. Hay una serie de técnicas que podemos aplicar la laboratorio. No por estudiar el movimiento de la danza se convierte uno en bailarín”. (En la foto: Susana Martínez-Conde con el premio Nobel David Hubel, con el que trabajó en Harvard)
Lo cierto es que Susana Martínez-Conde se ha labrado una reconocida carrera científica que ya ha conocido momentos de consagración. Scientific American, una revista que se publica en quince idiomas y que sólo en Estados Unidos tienen una tirada de un millón de ejemplares, le dedicó en agosto de 2007 la portada por descubrir que las microsacadas, los movimientos continuos que realiza el ojo aún cuando está quieto y que hasta el momento habían sido despreciados, eran responsables del 80% de la visión. “Fue muy emocionante —recuerda Susana—. Para un científico, salir en la portada de esa revista es como para una estrella del rock aparecer en la cubierta de Rolling Stone”. Scientific American volvió a llevarla a su portada en diciembre de 2008 precisamente por su experimento con los magos.
Susana persigue el sueño de Ramón y Cajal —“quizás el neurocientífico más importante de la historia”—, que pretendía desentrañar las bases cerebrales de la consciencia, uno de los grandes enigmas científicos que le gustaría resolver. “Me gustaría pensar que se llegarán a descubrir en los próximos 50 años; con un poco de suerte, me daría tiempo a verlo”. Ese día por fin podremos decir que nos conocemos a nosotros mismos. “Tendría enormes aplicaciones clínicas. Si realmente entendemos cómo está arraigada la consciencia en el cerebro y qué conduce a su deterioro, la esperanza de recuperación de muchos pacientes será increíble comparada con la que hay hoy”.

¿Los imanes podrían fortalecer la mente?

Someter al cerebro al campo magnético generado por una bobina parece estimular el crecimiento de neuronas nuevas en las áreas asociadas con el aprendizaje y la memoria, al menos en las ratas.Si este efecto pudiese ser confirmado en seres humanos se encendería una luz de esperanza para el tratamiento la declinación mental y enfermedades de la memoria relativas a la edad como el Alzheimer. El estímulo magnético transcraeal (TMS, por Transcranial Magnetic Stimulation) se ha utilizado en forma experimental para tratar una gama de los desórdenes del cerebro, incluyendo la depresión y la esquizofrenia, y para rehabilitar algunos pacientes después de un accidente.En esencia, TMS utiliza una bobina para inducir campos magnéticos en el tejido del cerebro, activando o desactivando grupos de neuronas. Funciona, aunque el aunque el mecanismo exacto de cómo lo hace no se conoce. Una de las teorías dice que este tipo de terapia consolida en el cerebro un proceso conocido como potenciación a largo plazo (LTP, por called long-term potentiation). Fortunato Battaglia y sus aplicaron TMS a ratones durante cinco días, y después analizaron sus cerebros buscando evidencias de LTP. Las encontraron en todas áreas del cerebro. El equipo también vio grandes aumentos en la proliferación de células en algunas regiones del cerebro. Battaglia presentó sus resultados en una reunión de la Academia Americana de Neurología en Boston. El ejercicio físico y algunos antidepresivos también promueven crecimientos en las neuronas, pero puede ser difícil de lograr en áreas específicas. Battaglia piensa que el TMS eventualmente se podría utilizar para mejorar el aprendizaje y la memoria, ya que ambos problemas se deben generalmente a la pérdida de neuronas en el hipocampo, entre otras áreas. Su equipo se encuentra preparando un estudio para probar esta teoría. Juan Rothwell, investigador de TMS en Londres, dice que es ésta es la primera vez que el TMS ha demostrado ser útil en terapias de neurogenesis. Aunque el TMS no puede substituir las neuronas perdidas, Rothwell cree que podría desacelerar el progreso de enfermedades como Alzheimer. “Puede ser una forma de reforzar las conexiones que están volviéndose ser más débiles,” dice. Habrá que esperar, pero si estos estudios demuestran la posibilidad de corregir estos problemas, o incluso mejorar la capacidad mental de la gente “sana”, seguramente será bienvenido por todos.

martes, 8 de septiembre de 2009

Los lunes nos levantamos siempre con mal pie, porque es la noche que dormimos menos

A la mayoría de la gente no le gustan los lunes. Y el científico australiano Tim Olds acaba de identificar uno de los motivos. Según revela un estudio que se presentará mañana en la Conferencia de la Asociación Austroasiática sobre el Sueño, la noche que menos dormimos es la que transcurre del domingo al lunes. Y eso hace que empecemos la semana con una considerable falta de sueño.
Sus resultados se basan en un experimento masivo con 4.000 niños y adolescentes australianos de edades comprendidas entre 9 y 18 años. Analizando sus hábitos, Olds ha llegado a la conclusión de que estamos acostumbrados a trasnochar los viernes y los sábados, y que “el domingo nos acostamos tarde porque no queremos dejar el fin de semana atrás”. Esto causa un déficit de horas de sueño que tiene consecuencias negativas, como un sistema inmune más débil, dificultades para memorizar y problemas de atención.
Olds también ha calculado cómo cambian los patrones de sueño a medida que crecemos. Por término medio, los niños australianos de 9 años duermen 10 horas cada noche. Este tiempo se reduce en 9 minutos por cada año cumplido hasta alcanzar los 18. Pero además, en las noches que separan dos días lectivos los adolescentes reducen aún más su tiempo de descanso.
Paradójicamente, los fines de semana sí descansamos el tiempo suficiente. Esta diferencia es especialmente extrema en Corea, donde estudios recientes muestran que los jóvenes coreanos duermen 4 horas y media durante la semana escolar, frente a una media de 13 horas de descanso nocturno en fines de semana y vacaciones.
En cuanto a los niños y adolescentes españoles, los expertos aseguran que también sufren una falta de sueño crónica, ya que más de un 60% duerme una hora o dos menos de las nueve aconsejadas.

¿Magia?, ¿Ilusiones?, son solamente efectos que nuestro cerebro crea

Gustav Kuhn, del departamento de Psicología de la Universidad de Durham, y Alym Amlani, recién graduado en el Programa de Sistemas Cognitivos de la Universidad de British Columbia, no sólo son científicos. En sus ratos libres practican magia. Y ahora han decidido analizar los principales trucos que usan los ilusionistas para explicar cómo percibe nuestro cerebro el mundo que nos rodea. Sus conclusiones se publican en la edición digital de la revista Trends in Cognitive Sciences.
“Imagina a alguien que hace desaparecer un objeto o predice con éxito lo siguiente que vas a hacer. Estos trucos parece que desafían las leyes de la física y la lógica, pero en realidad están creados mediante la combinación de habilidad y un profundo conocimiento de la psicología humana“, señala Kuhn.
Un ejemplo claro es la ilusión de la bola que desaparece. En este truco, el mago lanza una bola roja en el aire dos veces y en el tercer lanzamiento mantiene la bola en la palma de la mano. Sin embargo, la mayoría de los espectadores asegura haber visto cómo lanzó la bola tres veces al aire y, en el último lanzamiento, se esfumó. Según Kuhn, esto sucede porque nuestro cerebro visual se anticipa, y nuestras mentes tienden a rellenar los vacíos. “Las expectativas alteran la percepción”, afirma Kuhn. De hecho, midiendo los movimientos reales de los ojos de los observadores, los científicos han comprobado que la mayoría de las personas mira la cara del mago, y los movimientos de su cabeza y su mirada, que son los que nos hacen creer que hay una tercera pelota en el aire.
Otro factor clave es la atención. Durante un espectáculo de magia, los ilusionistas suelen hacer “desaparecer” objetos que, en realidad, sólo son colocados en otra parte o lanzados al suelo sin que los espectadores se percaten. Los magos lo consiguen canalizando toda la concentración de los espectadores hacia un área determinada, mientras en el entorno cercano circundante donde se produce una “ceguera por inatención”. Este fenómeno demuestra que aunque nuestro sistema visual percibe todo lo que sucede, la única información que llega a nuestro cerebro consciente es la que “selecciona” nuestra atención.

Buscar en internet colabora con el rendimiento del cerebro

Un equipo de investigadores de la Universidad de California descubrió que las búsquedas en la red estimulan centros del cerebro que controlan la toma de decisiones y los razonamientos complejos.
Según los científicos, ello podría contribuir a contrarrestar los cambios psicológicos asociados a la edad que hacen que el cerebro ralentice su actividad.
A medida que el cerebro envejece, ocurren una serie de cambios, entre los que se encuentra la contracción y la reducción de la actividad celular, lo que puede afectar su rendimiento.
Los crucigramas o los rompecabezas, pueden ayudar a minimizar el impacto de envejecimiento, y ahora el nuevo estudio sugiere que la navegación por internet puede ser añadida a la lista de actividades beneficiosas.
Según el jefe de la investigación, Gary Small, “que las tecnologías computarizadas tengan efectos psicológicos y beneficios potenciales para adultos de mediana y avanzada edad es esperanzador. La búsqueda en internet conlleva actividad compleja del cerebro, lo que puede ayudar a ejercitarlo y a mejorar su función”.

Leer la mente deja de ser únicamente de la ciencia ficción

El objetivo de leer la mente ya ha dejado de ser cosa de gitanos, cartistas y adivinos de poca monta. Ahora la ciencia está trabajando intensamente en ello, y recientemente se dio un paso fundamental en el camino de ingresar a los pensamientos de otro.
Los protagonistas han sido investigadores de la fundación británica Wellcome Trust, quienes han conseguido a través del análisis de la actividad del hipocampo (una región del cerebro fundamental en el registro y almacenamiento de la memoria) de unos voluntarios, conocer sus pensamientos.
Para ellos los investigadores diseñaron un programa de realidad virtual en el que participaron los voluntarios del estudio. Ellos fueron entrenados por los investigadores para reconocer varios ambientes de realidad virtual mientras los investigadores analizaban su actividad cerebral.
Utilizando sistemas de escaneo especiales que medían el flujo sanguíneo del cerebro, los investigadores interpretaron los movimientos y la actividad de decenas de miles de neuronas de los participantes, identificando patrones que permitieron acertar con los ambientes virtuales que los voluntarios estaban explorando.
Obviamente esto está muy lejos del hecho de conocer los pensamientos íntimos de un ser humano, o bien de descubrir si está mintiendo o diciendo de la verdad. Sin embargo, la investigación de algunas enfermedades podría verse muy beneficiada de esto.
Los investigadores que trabajan con Alzheimer, por ejemplo, podrían haberse topado con un mecanismo que permitiera conocer el estado del cerebro del paciente antes del desarrollo de la enfermedad, lo cual supondría un potencial mecanismo de prevención de la misma

LA MENTE Y LAS DECISIONES

¿Qué película ver hoy? ¿Qué pedir de postre en un restaurante? Todo apunta a que la mente tiene la respuesta mucho antes de que seamos conscientes de ello. Un grupo de investigadores ha descubierto que unos diez segundos antes de saber que se toma una decisión, se activan una serie de patrones en el cerebro que determinan la elección final, según un artículo publicado esta semana en la edición digital de Nature Neuroscience.
En 1980, el psicólogo Benjamín Libet, de la Universidad de California en San Francisco, descubrió que varios cientos de milisegundos antes de que una persona pensase en presionar un botón, ya se habían activado áreas del cerebro relacionadas con dicho movimiento. Entonces, ese margen de tiempo era tan diminuto que se consideró que podría tratarse de un error, ya que reflejaría que el cerebro se estaba preparando para tomar la decisión, más que haberla tomado ya. “Este estudio fue probablemente el más debatido en el campo de la neurociencia”, asegura, en declaraciones recogidas por la web ScienceNOW, el científico John Dylan Haynes de la Universidad alemana Charité-Universitätsmedizin en Berlín, que ha dirigido el estudio.
Para resolver todas estas dudas, Haynes y su grupo de científicos se embarcaron en un nuevo experimento, cuyos resultados podrían abrir la puerta a aplicaciones prácticas con pacientes con esquizofrenia o trastornos de movilidad. Pidieron a 14 personas que se sometiesen a pruebas de resonancia con un escáner. El experimento permitió a los científicos registrar más regiones cerebrales que Libet, al ordenar a los individuos que escogiesen entre pulsar un botón a su derecha o a su izquierda.
Patrones en la corteza frontopolar
Los investigadores buscaron si se producían cambios en el cerebro que determinasen la decisión final. En una parte del cerebro llamada corteza frontopolar -vinculada con procesos muy complejos- apareció un patrón de actividad que predijo la decisión con un 60% de exactitud y se produjo diez segundos antes de la elección consciente, según detallan en el estudio los investigadores.
“No esperábamos registrar tanto margen de tiempo”, señaló Haynes. “Aunque las predicciones no fueron perfectas, vimos que no hay mucho tiempo para que entre en juego el libre albedrío. El resultado final de una decisión está relacionado directamente con la actividad cerebral mucho antes del momento en el que sientes que tomas la decisión”, agregó Haynes, que espera que la investigación se extienda a decisiones más realistas, como qué beber o a qué jugar.
El neurocientífico cognitivo de la Universidad británica de Oxford en el Reino Unido, Dich Passingham, asegura en ScienceNOW que el artículo aclara una de las mayores preocupaciones del experimento original de Libet: “Esta actividad que sucede antes es, no sólo una preparación general, sino una decisión apropiada”.