jueves, 17 de septiembre de 2009

Descubierto uno de los mecanismos celulares de la relación mente-cuerpo

Hace tiempo que los científicos conocen que existe una relación entre el estrés de larga duración y la debilitación del sistema inmunológico y, como consecuencia, la propensión a sufrir algunas enfermedades. Sin embargo, poco se sabía hasta ahora de cómo funcionaba ese vínculo entre el estado anímico y el estado físico. Al parecer, todo depende de la cortisona, la hormona que generamos en situaciones de estrés y que, si su presencia se prolonga durante mucho tiempo en la sangre, desencadena un proceso en el organismo que propicia el envejecimiento celular. Los científicos comienzan a buscar la solución, en forma de medicamentos, para devolver la salud perdida a los que padecen estrés continuo por el tipo de vida que llevan: cuidadores de enfermos crónicos o controladores del tráfico aéreo serían algunos de los futuros beneficiarios. Por Yaiza Martínez de Tendencias Científicas.
21 Jul 2008 TENDENCIAS CIENTÍFICAS
U
n equipo de científicos de la Universidad de California en los Ángeles (UCLA) ha identificado el mecanismo biológico subyacente al desgaste celular que provoca el estrés, constatando así que existe un vínculo entre el cuerpo (a nivel celular) y la mente, concretamente, con los estados emocionales asociados al estrés, entre el estado anímico y el estado físico.
En un comunicado publicado por la UCLA se explica que cada célula de nuestro organismo contiene un telómero, una especie de reloj celular, que se acorta cada vez que la célula se divide.
Los telómeros son los extremos de los cromosomas, es decir, regiones muy repetitivas de ADN. Y una de sus funciones principales es la de prolongar el tiempo de vida de las estirpes celulares. Por otro lado, los telómeros cortos están relacionados con una amplia gama de enfermedades humanas, como la osteoporosis o las enfermedades coronarias, así como con el envejecimiento.
Estrés y cortisona
Estudios anteriores habían demostrado ya que, además de los telómeros, las células poseen en su interior una enzima denominada telomerasa, que se encarga de mantener jóvenes a las células, ayudando a mantener la longitud de sus telómeros -se ocupa de restituir su longitud-, así como su capacidad de continuar dividiéndose.
Ahora, los científicos de la UCLA han descubierto que la cortisona -que está considerada la hormona del estrés porque generamos más cortisona cuando estamos estresados- suprime la capacidad celular para activar la telomerasa, por lo que, indirectamente, propicia que las células tengan telómeros más cortos.
Su investigación ha revelado, por tanto, cómo el estrés hace que la gente se vuelva más propicia a contraer enfermedades como consecuencia del acortamiento de los telómeros.
Este descubrimiento sugiere la posibilidad de crear un medicamento destinado a la prevención de los daños al sistema inmunológico para las personas que se ven sometidas a situaciones de estrés a largo plazo, como es el caso de los cuidadores de personas con enfermedades crónicas, los soldados o los controladores del tráfico aéreo, entre otras.
Posibles tratamientos
En la revista especializada Brain, Behavior and Immunity, los científicos explican más detalladamente que han demostrado que la exposición de las células sanguíneas conocidas como linfocitos T (responsables de coordinar la respuesta inmune mediada por células) a la cortisona, está relacionada con un significativa reducción en la actividad de la telomerasa.
Por tanto, existe un mecanismo celular asociado al estrés que afecta a la longitud de los telómeros, lo que señala que estrategias destinadas a incrementar la actividad de la telomerasa en estos linfocitos proporcionarían efectos beneficiosos para el sistema inmunitario, en situaciones de estrés emocional crónico.
Una de las autoras de la investigación, la inmunóloga de la UCLA, Rita Effros, explica en el comunicado de la UCLA que "cuando nuestro organismo se encuentra en una situación de estrés, fomenta la producción de cortisona para provocar una respuesta de lucha o huída".
"Si la concentración de esta hormona se mantiene elevada en nuestro flujo sanguíneo durante largos periodos de tiempo, sin embargo, provoca el desgaste del sistema inmunológico. Ahora estamos probando métodos terapéuticos para aumentar los niveles de telomerasa y ayudar al sistema inmune a evitar los efectos de la cortisona. Si lo conseguimos, algún día quizá exista una píldora que fortalezca la capacidad del sistema inmune para adaptarse al estrés emocional crónico".
Antecedentes
Estudios anteriores ya habían relacionado el estrés de larga duración con el acortamiento de los telómeros. Es el caso de un estudio, publicado el año pasado por The Journal of Immunology y llevado a cabo en la Ohio State University, que demostró que el estrés crónico de cónyuges e hijos encargados de cuidar a enfermos de Alzheimer puede reducir la esperanza de vida de los cuidadores entre cuatro y ocho años.
La causa: el acortamiento de los telómeros que determinan la reproducción celular y, por tanto, la esperanza de vida del organismo. Tres décadas de estudio permitieron a los científicos de la Ohio State University determinar los vínculos entre el estrés psicológico y un estado inmunitario debilitado.
A medida que envejecemos, la actividad de la telomerasa disminuye y, como consecuencia, también la longitud de los telómeros. Es parte del proceso natural del envejecimiento, señalan los científicos. El estrés crónico, sin embargo, acelera este proceso de envejecimiento de las células del cuerpo.
Este hecho ya había sido constatado, de manera radical, en otro estudio anterior, del año 2004, llevado a cabo en el Laboratorio de Neuroendocrinología de la Universidad de California. Gracias a esta investigación se demostró que las células de la sangre de mujeres que habían pasado la mayor parte de sus vidas cuidando de un hijo discapacitado tenían, genéticamente hablando, una década más de edad que las mismas células de aquellas madres que llevaban menos tiempo en la misma difícil tarea.
Los científicos de la UCLA han conseguido determinar de manera detallada el proceso, lo que abre nuevas posibilidades a su solución para el organismo.

Demuestran empíricamente que la mente humana relaciona belleza y verdad

De siempre se ha creído que los matemáticos y los científicos usan la belleza como "indicio" o pista hacia la verdad en la resolución de problemas matemáticos. Ahora, un equipo de matemáticos y psicólogos ha demostrado empíricamente que la simetría, un aspecto que se sabe facilita los procesos mentales y que subyace a lo que percibimos como belleza, propicia juicios de verdad en tareas sencillas de aritmética, independientemente de que éstas sean o no correctas. Según los investigadores, los resultados de dos experimentos realizados revelaron un mecanismo plausible relacionado con la belleza, que podría subyacer a los juicios intuitivos acerca de la verdad. Por Yaiza Martínez.
24 Nov 2008 TENDENCIAS CIENTÍFICAS
U
n equipo de matemáticos y psicólogos de la Universidad de Bergen, en Noruega, ha conseguido demostrar empíricamente por vez primera el uso de la belleza como fuente de verdad, además de dar una explicación a este fenómeno.
Ya se intuía que los matemáticos y los científicos usan la belleza como "indicio" o pista hacia la verdad en la resolución de problemas matemáticos.
Por ejemplo, en 1954, según explica un comunicado de la citada universidad, el matemático francés Jaques Hadamard escribía en su libro "Psicología de la invención en el campo matemático", que el sentido de belleza parece ser casi el único móvil útil para el descubrimiento en matemáticas.
Sin embargo, hasta ahora, esta intuición no había pasado de ser meramente anecdótica, y la naturaleza de la relación entre verdad y belleza seguía siendo un misterio.
Antecedentes
En 2004, Rolf Reber (de la Universidad de Bergen), Norbert Schwarz (de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos) y Piotr Winkielman (de la Universidad de California en San Diego) sugirieron -basándose en evidencias que ellos mismos revisaron- que la experiencia común subyacente tanto a la belleza percibida como a la verdad juzgada es la fluidez del procesamiento mental.
De hecho, un estímulo procesado con mayor facilidad genera en quien lo percibe un efecto más positivo. Así, por ejemplo, cualquier sentencia que pueda ser leída y comprendida con claridad tiende más a ser juzgada como verdad.
Los investigadores apelaron entonces a esta fluidez de procesamiento para tratar de explicar una amplia gama de fenómenos, incluyendo las preferencias en marcas comerciales, o la ausencia de recepción de teorías matemáticas que son difíciles de comprender.
Llevada al campo del razonamiento matemático, la fluidez de procesamiento mental, derivada bien de la familiaridad con los problemas bien de las características mismas de cualquier tarea, debería incrementar también la intuición o juicio de verdad.
Patrones simétricos y asimétricos
En un artículo aparecido en la revista especializada Psychonomic Bulletin & Review, titulado "The use of heuristics in intuitive mathematical judgment", los científicos, entre los que se encuentra de nuevo Rolf Reber, explican cómo comprobaron esta suposición.
Para conseguirlo, realizaron dos experimentos distintos con los que examinaron el uso de la heurística (capacidad para realizar de forma inmediata innovaciones positivas para cualquier fin), y probaron que los individuos utilizan la simetría como indicio de exactitud en cualquier tarea de verificación aritmética.
En el primer experimento participaron 38 estudiantes de la Universidad de Bergen, y en el segundo 36.
Para ponerlos a prueba, los investigadores formaron adiciones que consistían en puntos. Por ejemplo, 12 puntos más 21 puntos equivalían a 33 puntos. La mitad de las adiciones eran correctas, mientras que había otras erróneas (como 12 puntos más 21 puntos igual a 27 puntos).
Por otro lado, la mitad de estas adiciones presentaban patrones simétricos mientras que la otra mitad presentaban patrones asimétricos, independientemente de si eran correctas o no.
Las adiciones fueron mostradas a los estudiantes brevemente, por ejemplo en uno de los experimentos durante 1.800 milisegundos, en una pantalla de ordenador. Los participantes, que no eran expertos en matemáticas, tenían que decidir inmediatamente después de que las imágenes desaparecieran si las adiciones eran correctas o incorrectas.
Simetría y belleza
Los científicos pudieron constatar de esta forma que los voluntarios tendían más a juzgar como correctas las adiciones simétricas que las asimétricas. En otras palabras, se demostró que los participantes usaban la simetría como indicador de exactitud.
De esta forma, los investigadores demostraron que la simetría, un aspecto que se sabe facilita los procesos mentales y que subyace a lo que percibimos como belleza, es usada como indicio heurístico de lo "correcto" en problemas aritméticos.
Este estudio combinó investigaciones ya existentes en el campo de la cognición matemática con estudios sobre los juicios intuitivos y sobre la heurística y los prejuicios.
Según los científicos, gracias a los experimentos realizados se ha demostrado que la simetría es un indicio heurístico que se aplicaría a tareas aceleradas de verificación aritmética. Por tanto, la "exactitud" es relacionada por el ser humano con la simetría.
Los investigadores señalan haber presentado evidencias de un mecanismo plausible que podría subyacer a los juicios intuitivos, al menos en el caso de realizar tareas matemáticas sencillas. No obstante, el sentimiento global de fluidez que acompaña tanto a las tareas simples de la aritmética como a la resolución de problemas matemáticos complejos podría ser el mismo.
En definitiva, según ellos, estos resultados podrían ser la solución al misterio del porqué la belleza sirve como pista hacia la verdad en el contexto de los descubrimientos matemáticos.

El presente es inalcanzable para el cerebro

El tiempo de nuestra percepción está atrasado medio segundo respecto al tiempo real de los acontecimientos. El cerebro no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre, ya que el tiempo de nuestras percepciones está retrasado alrededor de medio segundo respecto al tiempo real. Así lo explica el neurólogo de California Benjamín Libet en su nuevo libro Mind Time: The Temporal Factor in Consciousness, que suscita nuevos interrogantes sobre los mecanismos de la conciencia. Libet ha constatado que para que un acontecimiento pase el umbral de la conciencia y sea registrado por una persona, el tiempo desempeña un papel fundamental, ya que si el acontecimiento ocurrido no dura más de medio segundo, el consciente humano sencillamente lo ignora.
(Tendencias Científicas) Nuestro cerebro necesita medio segundo de tiempo para que un estímulo pase del inconsciente al consciente, según descubrió el neurólogo de la Universidad de California Benjamín Libet. Según sus investigaciones, adquirimos conciencia de la realidad con cierto retraso respecto a la velocidad de los acontecimientos, tan sólo una vez que ha transcurrido medio segundo.
Para Benjamín Libet, por ello no tenemos ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre. Lo explica en su nuevo libro Mind Time: The Temporal Factor in Consciousness, del que Stephen M. Kosslyn ha realizado un interesante extracto. La obra constituye una presentación de los últimos trabajos de Libet sobre los mecanismos de la conciencia.
En uno de sus experimentos, Libet puso electrodos sobre el córtex somatosensitivo de pacientes despiertos. El córtex somatosensitivo es la región del cerebro sobre las que circulan las informaciones sensoriales registradas a lo largo del cuerpo. Puede consultarse al respecto el trabajo de Kulisevsky La organización del movimiento: estructura y función de los ganglios basales.
Con la ayuda de una débil corriente eléctrica, Libet provocó sensaciones en la superficie de la piel de los pacientes cuya duración temporal variaba deliberadamente. Comprobó que si disminuía la duración de los impulsos eléctricos, los pacientes percibían cada vez menos esta agresión y que por debajo de las 500 milésimas de segundo, no se enteraban de nada de lo que ocurría sobre su piel.
Su conclusión es que para que un acontecimiento pase el umbral de la conciencia y sea registrado por un sujeto, el tiempo desempeña un papel fundamental, ya que si el acontecimiento ocurrido sobre la piel no dura más de medio segundo, el consciente humano sencillamente lo ignora.
No es la primera vez que Benjamin Libet sorprende con sus descubrimientos sobre la conciencia. Anteriormente había demostrado también que nuestro cerebro toma las decisiones casi un segundo antes de que las asumamos conscientemente. Esta constatación ha llevado a algunos científicos, como Wolf Singer, a dudar de la real existencia del libre albedrío.
Para obtener este resultado, Libet utilizó pacientes que se mantuvieron despiertos cuando eran sometidos a un episodio de cirugía cerebral. Les pidió que movieran uno de sus dedos mientras observaba electrónicamente su actividad cerebral. De esta forma pudo comprobar que hay un cuarto de segundo de retraso entre la decisión de mover el dedo y el momento presente.
Roger Penrose, en su obra La Nueva Mente del Emperador (1989), ya describía dos experimentos que tienen que ver con el tiempo que necesita la conciencia para actuar y ser activada. El primero de estos se refería al papel activo de la consciencia y el segundo a su papel pasivo.

La mente humana se mueve en un continuo

Los procesos mentales se asemejan más a los sistemas dinámicos que a los informáticos, según un estudio realizado en la Universidad de Cornell. Más que usar paquetes de información que circulan de una neurona a otra, la mente humana se mueve en un continuo en el que recurre a la superposición de estados antes de tomar una decisión, en vez de elegir una vez y corregir después. En este nuevo modelo, la percepción y el conocimiento son descritos como una trayectoria continua a través de un espacio mental. Lo que puede desprenderse de esta investigación es que el proceso de conocimiento se asemeja más a los principios de la informática cuántica que a los de la informática convencional, por lo que de alguna forma sigue existiendo un paralelismo entre los procesos mentales y los informáticos. Por Eduardo Martínez de Tendencias Científicas.
05 Jul 2005 TENDENCIAS CIENTÍFICAS
C
ientíficos de la Universidad de Cornell han descubierto que la mente humana no trabaja como un ordenador, usando paquetes de información que circulan de una neurona a otra, como se pensaba hasta ahora, sino que es un continuo dinámico en el que no hay vacíos de ninguna especie que funciona como los organismos biológicos.
Según explica Michael Spivey, profesor de psicología y psicolingüística de dicha universidad, en un artículo publicado en la revista
Proceedings of the National Academy of Sciences, la investigación evaluó la forma de pensar de un grupo de estudiantes siguiendo los movimientos de una serie de ratones del ordenador con los que los estudiantes trabajaron. La Universidad de Cornell también ha explicado el descubrimiento en un comunicado.
El experimento consistía en que 42 alumnos escuchaban instrucciones para señalar imágenes de diferentes objetos en la pantalla de un ordenador. Cuando los alumnos oían una palabra como “peluca” y aparecían dos objetos cuyos nombres no sonaban igual, como una peluca y una chaqueta, la trayectoria del movimiento del ratón era recta y rápida hacia la palabra pronunciada.
Sin embargo, cuando los estudiantes oían una palabra y ante ellos aparecían dos objetos cuyos nombres eran parecidos, la elección adecuada era más lenta, y las trayectorias de sus ratones más curvas.
Posición intermedia
Cuando había ambigüedad, por tanto, los participantes en el estudio no sabían en principio qué imagen era la correcta y, durante algunas docenas de milisegundos, se encontraban en varios estados mentales a la vez. No movían el ratón hacia una de las posibilidades y luego rectificaban, sino que lo dejaban en una zona intermedia, en una especie de superposición de estados donde se confundían las dos opciones posibles: peluca y chaqueta.
La superposición de estados, en realidad, describe un fenómeno cuántico según el cual las particulas elementales no están diferenciadas individualmente entre sí, como las gotas de agua dispersas en una mesa, sino en una superposición de estados, como las gotas contenidas en un vaso de agua, con una probabilidad de materializarse (de convertirse en gota de agua) para cada uno de esos estados dependiendo de determinadas circunstancias.
En el experimento, el grado de curvatura de la trayectoria del ratón mostraba cómo los objetos que no eran los pronunciados competían en su interpretación con los correctos. La resolución final era por tanto aleatoria y gradual, en lugar de directa o definida, tal como sucede en los sistemas dinámicos.
Los sistemas dinámicos son fundamentales para la comprensión de la Teoría de Sistemas y para el análisis y control de procesos en general. Están relacionados con la llamada Teoría del Caos, en cuanto que se comportan de forma aleatoria y completamente impredecible. Esta teoría estudia los comportamientos aleatorios de los sistemas.
La mente como sistema dinámico
En el campo de las ciencias neuronales y cognitivas, siempre se han tratado los procesos mentales como traspasos de paquetes de información completos de una forma estrictamente dirigida de un módulo cognitivo al siguiente, o como una cadena de símbolos binarios singulares, como ocurre en un ordenador.
Sin embargo, un número creciente de estudios como éste parece apoyar la visión de sistema dinámico para definir la mente. En este modelo, la percepción y el conocimiento son descritos como una trayectoria continua a través de un espacio mental. Los patrones de activación neuronal fluyen hacia atrás y hacia delante generándose de manera no lineal, auto-organizada, como en un organismo biológico.
Un cambio no lineal es aquel que no se basa en una simple relación proporcional entre causa y efecto. Por lo tanto, cuando se usa para referirse a cambios, éstos suelen ser bruscos, inesperados y difíciles de prever: inesperados o caóticos.
La metáfora del ordenador, que describe el conocimiento como un estado concreto, por ejemplo de encendido o apagado o en valores de ceros y unos, y en un estado estático hasta que se pone en marcha, podría por lo tanto quedar obsoleta.
Modelo cuántico del conocimiento
La perspectiva de la ambigüedad intermedia entre una decisión y otra propone un modelo nuevo, que supone que el conocimiento funciona como cualquier organismo vivo, esto es, que los procesos sensoriales son continuos y complejos, y que se definen hacia un punto siguiendo ecuaciones similares a las de los sistemas dinámicos.
Lo que puede desprenderse de esta investigación es que el proceso de conocimiento se asemeja más a los principios de la informática cuántica que a los de la informática convencional. Esta informática se basa en el sistema de numeración binario o de base 2. Es un sistema posicional que utiliza sólo dos símbolos para representar un número. Las combinaciones de unos y ceros estructuran los programas y mensajes.
La informática cuántica, por el contrario, se basa en la superposición de estados, tal como explicamos en otro artículo de esta revista. Su unidad de información es el qubit, que representa la superposición de unos y ceros, una cualidad imposible en el universo clásico.
Al considerar que el pensamiento y la cognición, más que seleccionar entre dos estados posibles, mantienen una ambigüedad intermedia que se asemeja a la superposición de estados, la nueva teoría sobre los procesos mentales parece imitar más a la informática cuántica que a la informática clásica. En cierta forma, por tanto, sigue existiendo un paralelismo entre los procesos mentales y los informáticos.

Un científico asegura que el alma tiene una explicación bioquímica

Es Francis Crick, el Premio Nobel que fue uno de los descubridores de la estructura del ADN. Explica que en el cerebro humano hay un grupo de neuronas que son el origen de la conciencia y el alma.
(Clarín) Tiempos difíciles para el alma humana, que no existe como algo sobrenatural, según el famoso científico británico Francis Crick, Premio Nobel 1962, que hace medio siglo anunció con el norteamericano James Watson un descubrimiento genético destinado a revolucionar el mundo: la estructura del ADN, la doble hélice que contiene los secretos de la vida. La conciencia, afirma ahora Crick en la revista Nature, es "una banal fusión de neuronas del cerebro".
Nature fue la misma revista que en su edición del 25 de abril de 1953 publicó el artículo del descubrimiento del ADN, el ácido desoxirribonucleico, que encierra los misterios de los genes humanos. Crick y Watson habían escrito a comienzos de marzo un artículo de apenas 900 palabras, que Nature publicó en una página y que sólo el diario News Chronicle saludó brevemente el 26 de abril con el título "Más cerca del secreto de la vida".
Cincuenta años más tarde, Francis Crick, que hoy tiene 86 años, lanza las bases de un nuevo descubrimiento destinado a desatar grandes polémicas. El impacto esta vez ha sido también enorme y en la prensa británica ha sido considerado "la madre de todas las batallas entre ciencia y religión, entre pruebas tangibles y el reino de la fe".
Crick sostiene en un artículo de Nature Neuroscience que en el cerebro humano hay un grupo de neuronas que son el origen de la conciencia y del alma. El científico británico abandonó los estudios de genética después del gran descubrimiento del ADN y tras dedicarse a investigaciones de biología celular y evolucionista, desde 1976 se dedicó al cerebro humano, a buscar las bases científicas de un objeto tan intangible como es la conciencia.
Si su negación del carácter sobrenatural del alma se confirma "sufrirá un grave golpe el reino del Divino", señala un diario italiano. Crick destaca que lo que afirma es el resultado de investigaciones y búsquedas en el inconsciente que ha realizado durante muchos años para individualizar cuáles son los mecanismos científicos de la conciencia.
Hace tiempo que Francis Crick escribe y reafirma que "la convicción científica es que nuestras mentes, el comportamiento de nuestros cerebros, pueden ser íntegramente explicados por la interacción de las células celebrales".
El profesor de ciencias neurológicas del Instituto de Tecnología de California Christopher Koch, coautor del estudio con Crick, dice que "es evidente que la conciencia nace de reacciones bioquímicas del cerebro".
Ambos describen en la investigación los mecanismos a través de los cuales distintas partes del cerebro humano se funden las unas con las otras para crear "un sentido de conciencia".
Es lo que los creyentes llaman el alma, afirman. "Por primera vez tenemos un esquema coherente de los correlatos neurales de la conciencia en términos filosóficos, psicológicos y neurales".
De inmediato les respondió el reverendo Michael Reiss, religioso y científico a la vez, profesor de la Universidad de Londres, quien redujo al mínimo la magnitud del descubrimiento: "Lo que Crick ha descubierto son los componentes neurológicos de la conciencia. Es como decir que una catedral es un conjunto de piedras y vidrios. Cierto, pero se trata de una constatación simplista."
Francis Crick sigue adelante con sus investigaciones en el instituto californiano que lleva el nombre de Jonas Salk, el descubridor de la vacuna contra la poliomielitis. Los resultados publicados en Nature concluyen años dedicados a demostrar que "un día la humanidad aceptará el concepto de que el alma y la promesa de la vida eterna no existen, así como hace siglos debió aceptar que la Tierra era redonda".
Si Crick ha causado un nuevo impacto a nivel mundial en medio de las celebraciones del medio siglo del descubrimiento del ADN, el otro Premio Nobel que compartió con él la gloria, James Watson, también causó sensación cuando, entrevistado por la BBC de Londres hace diez días, dijo que la estupidez humana es una enfermedad y que por lo tanto puede ser curada.
Una interesante aunque preocupada respuesta del lado de los creyentes a los filósofos de la mente, a los neurocientíficos y a los teóricos de la inteligencia artificial la ha dado el joven estudioso italiano Andrea Vaccaro, con su libro ¿Por qué renunciar al alma? Vaccaro sostiene que es formidable el intento de abolir el alma, sobre todo por corrientes de pensamiento que predominan en Estados Unidos y Gran Bretaña.
El estudioso italiano destaca que las neurociencias han convertido lo que antes se llamaban "estados de ánimo" en "estados químicos regulables farmacéuticamente", y que "apuntan a demostrar que las funciones hasta ahora atribuidas al alma —humores, sentimientos, autoconciencia, intuiciones— son en realidad operaciones del cerebro".
El grito de alarma de Vaccaro es que se propone censar esas operaciones para "mañana reproducirlas artificialmente". El alma se convierte así "en un concepto superfluo. Para explicar al hombre es suficiente conocer en detalle su cerebro, que no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir a la muerte".
La embestida encuentra mal parados a los hombres de la Iglesia y a los teólogos. "Y esto es riesgoso", afirma Vaccaro. La Iglesia "corre el peligro de retirarse a la aldea del alma", cuando es esencial para el cristianismo, porque es la huella que Dios ha dado al hombre. El alma "no es, como piensan los neurofilósofos, una perfecta y exquisita danza neurocomputacional".

La conciencia humana se genera en la parte posterior del córtex cerebral

Fueron descubiertos los mecanismos neuronales que permiten al cerebro darse cuenta del entorno y de los procesos subjetivos. El córtex es la región del cerebro que genera la conciencia del entorno y de uno mismo, según una investigación que describe por vez primera los mecanismos neuronales del psiquismo humano. Aunque la investigación sobre la formación de la conciencia está aún en un estado primitivo, sus autores consideran que las facultades de nuestro cerebro pueden explicarse totalmente por la interacción de las células nerviosas.
(Tendencias científicas) La conciencia humana y la percepción de la individualidad se generan en un determinado espacio del cerebro situada en la parte posterior del córtex, lo que convierte estos fenómenos en meros episodios de las reacciones bioquímicas del cerebro, según una investigación realizada por el Premio Nobel Francis Crick, uno de los descubridores de la estructura del ADN, que publica la revista Nature Neuroscience.
La investigación pretendía determinar la relación neuronal de la conciencia (neural correlate of consciousness o NCC) o, lo que es lo mismo, las bases neurobiológicas de esta facultad superior del psiquismo humano. El córtex emerge como la región del cerebro donde se generan los procesos de la conciencia. Es una sofisticada e interconectada red neuronal que sustenta la percepción a través de nodos que expresan cada uno de ellos un aspecto de la percepción.
Un nodo por sí mismo no es capaz de generar conciencia ni de sostener la noción de individualidad, pero los nodos se activan y desactivan en función de una serie de coaliciones de neuronas que son las que amplían la capacidad cerebral y generan la conciencia de los procesos subjetivos y del entorno.
Estado primitivo de investigación
Aún reconociendo que las investigaciones sobre el papel de las neuronas en la formación de la conciencia están en un estado primitivo, Francis Crick considera que el comportamiento de nuestro cerebro puede explicarse totalmente por la interacción de las células nerviosas, lo que ha verificado mediante la investigación que hace pública ahora, en el 50 aniversario del descubrimiento de la doble hélice del ADN.
La investigación de Francis Crick, realizada conjuntamente con Christof Koch, se basa en años de experimentación, incluidos estudios con pacientes que sufrían lesiones cerebrales, pruebas con animales e investigaciones psicológicas.
Algunos de los datos de mayor valor provienen de estudios realizados con pacientes epilépticos, en cuyo cerebro se colocaron diminutas sondas para evaluar sus ataques.
El estudio describe cómo distintas partes del cerebro se interrelacionan para producir la conciencia. Por primera vez disponemos de un esquema coherente sobre las correlaciones neuronales de la conciencia en términos filosóficos, psicológicos y neuronales, señala el estudio.
Derivación hacia la IA
El proceso también podría ser activado (estado de vigilia) o desactivado (estado de coma), si bien algunas experiencias en neurobiología parecen contradecir esta hipótesis.
Las aproximaciones a la noción, funcionamiento y mecanismos de la conciencia, aparte de su interés filosófico y neurobiológico, tiene el atractivo de perfilar investigaciones en otro terreno no menos importante, como el de la inteligencia artificial, que desde 1955 intenta replicar informáticamente las funciones superiores del psiquismo humano.
El Instituto Riken de Japón es paradigmático en los proyectos de réplica del cerebro humano, ya que trabaja en tres programas diferentes que pretenden por un lado comprender el cerebro, por otro protegerlo y finalmente recrearlo artificialmente, con todas sus facultades superiores, incluidas la conciencia, el pensamiento, la memoria y la intuición.
La inteligencia artificial pretende replicar y superar esta capacidad del cerebro en sofisticadas y complejas máquinas adecuadamente programadas.

Adam Zeman: "En cierto sentido, el cerebro es muy parecido a una máquina"

Se trata de uno de los más destacados estudiosos de la conciencia. Para el científico, algunos aspectos de la mente tal vez sean indescifrables. Está en Buenos Aires para participar del III Simposio de Neurociencias de Fleni. Es autor de La conciencia, una guía de uso (Conciousness, a user´s guide, Yale University Press).
(La Nación) Un día, un hombre muy inteligente y en el que no se manifiesta ningún déficit cognitivo, pierde súbitamente la capacidad de imaginar. Otro sufre un accidente cerebrovascular que deja la mitad de su cuerpo paralizado, pero sin embargo "siente" que mueve los miembros, aunque no los reconoce como propios. Un tercero es capaz de ser perfectamente normal durante la vigilia mientras experimenta episodios de sonambulismo durante los que puede llegar a cometer un asesinato.
Casos como éstos son el desafío cotidiano de Adam Zeman, autor de Conciousness, a user´s guide (Yale University Press, 2003), investigador del Departamento de Neurociencias Clínicas de la Universidad de Edimburgo, en Gran Bretaña, y uno de los más destacados expertos internacionales en el estudio de la conciencia.
"Es un conocimiento que no puede guardarse sólo para los académicos", dice Zeman, que estudió filosofía y psicología antes de dedicarse a la medicina, y que esta semana está en Buenos Aires para dar una conferencia en el Simposio de Neurociencias de Fleni, que se realiza desde mañana en el Hotel Intercontinental, y para trabajar con el grupo de Facundo Manes, de la misma institución.
—Doctor Zeman, en estos días se discutieron mucho los casos de Terri Schiavo, que murió tras ser desconectada de los medios de alimentación mecánicos después de estar 15 años en vida vegetativa, y de Donald Herbert, el bombero norteamericano que "despertó" después de diez años en la misma condición. ¿Sabe la ciencia exactamente dónde trazar la línea entre la conciencia y la muerte mental?
—Realmente es muy difícil. ¿Cómo se puede saber que la conciencia se perdió y nunca volverá? Los indicadores del comportamiento pueden ser insuficientes y podría cometerse un error fácilmente, porque los signos de la conciencia son muy sutiles. En teoría, podría haber una persona totalmente incapaz de comunicar su experiencia y sin embargo tenerla, lo que por supuesto ocurre en los pacientes que están anestesiados y recobran la conciencia, o en los pacientes que están paralizados pero plenamente conscientes. De modo que hay que desarrollar técnicas que hagan posible evaluar la actividad cerebral para que se pueda determinar si una persona está o no consciente. Ese trabajo está en marcha, pero todavía no se completó, no llegó al punto en que es posible hacer esas distinciones en forma totalmente confiable.
—Si usted tuviera un caso como el de Terri Schiavo, ¿permitiría que le retiraran el tratamiento?
—En la práctica, creo que no hay duda de que existen pacientes en estado vegetativo, con ciclos de sueño y vigilia, pero sin conciencia. Por ejemplo, después de un accidente o un ataque cardíaco que ha privado durante mucho tiempo de oxígeno al cerebro. Cuando uno toma imágenes funcionales de esos pacientes para verificar el ritmo metabólico, lo encuentra en niveles muy bajos, como si estuvieran profundamente anestesiados. Si tuviera un paciente en esa situación, y se coincidiera en que es inútil continuar con el tratamiento, estaría de acuerdo. Hay, sin embargo, casos en los que es más difícil establecerlo.
—¿Cómo explicaría la recuperación de Herbert, el bombero?
—Generalmente es tentador pensar que la conciencia puede encenderse y apagarse como una lamparita eléctrica, pero la experiencia clínica sugiere que no es así.
No conozco ese caso en particular, pero cuando los pacientes están en coma o en estado vegetativo durante algún tiempo, comienzan a recuperarse gradualmente y es muy inusual que alcancen una recuperación cognitiva completa. Pueden emerger del estado vegetativo, pero lentamente y con alguna discapacidad. Cuando los pacientes parecen saltar entre estados conscientes e inconscientes, uno se pregunta si hubo una inadecuada observación clínica a lo largo del tiempo: la recuperación puede en realidad haber estado ocurriendo sin que se la registrara.
Por otro lado, a veces se presume que el estado vegetativo es un estado de coma permanente, pero es bastante común que la gente que ha tenido un trauma y se mantiene así durante unas semanas se recupere.
—Desde el punto de vista biológico, ¿qué sucede en esos casos? ¿Se recuperan las neuronas o se crean nuevas?
—Es casi seguro que se recupera la función de las neuronas existentes. Por otro lado, lo que hace la diferencia entre conciencia e inconsciencia no es tanto una gran mejora en el metabolismo cerebral, sino la recuperación de conectividad, de un complejo conjunto de interconexiones.
Conectividad, la clave
—¿Se sabe dónde está la "sede" de la conciencia?
—El consenso actual sería que reside en un complejo conjunto de interconexiones que se establecen entre las regiones corticales y las talámicas.
Hubo un tiempo en que parecía que el ciclo de sueño y vigilia era controlado por el tronco encefálico y que la conciencia tenía que ver con el córtex. Se creía que lo que pasaba en el estado vegetativo era que el daño cerebral había pasado por alto el tronco encefálico, pero había arrasado el córtex. El estado vegetativo se consideraba un estado de silencio cortical. Pero no es cierto. Si uno registra la actividad cerebral de un paciente en estado vegetativo, puede detectar respuesta cortical, pero lo que sucede es que ésta no se propaga a través del córtex, es focalizada. A medida que los pacientes recuperan la conciencia, esa actividad se propaga a través del cerebro y se establecen las interconexiones.
—Hace varios años Marvin Minsky escribió The society of mind y postuló que la mente emerge de una cantidad de "agentes" individuales que no son "inteligentes". ¿Algo similar podría decirse de la conciencia?
—Bueno, ciertamente, ése es el consenso actual, que uno tiene muchos módulos en el córtex que operan inconscientemente y cuando se comunican uno con otro aparece la conciencia. La evidencia con que contamos respalda esa idea. Sin embargo, hay un problema: para que podamos obtener evidencia de la conciencia tiene que haber una manifestación objetiva que podamos detectar o medir. Pero en teoría es posible que una parte del cerebro tenga experiencias que sea incapaz de comunicar. Es un problema un tanto filosófico. Si algo así existe, pondría un límite a la completitud del enfoque científico del problema de la conciencia. Claro que no todos están de acuerdo.
—¿Hay algún componente de la conciencia, como la vista o la memoria, que sea más importante que los demás, que sea el primordial?
—Supongo que el componente central reúne elementos de la atención y la memoria de trabajo, que es la que mantiene información en la mente durante un período corto. Me parece que sin eso se pierde la esencia de la conciencia. Uno puede prescindir del oído, la vista, el gusto, la capacidad de formar memorias de largo plazo... Pero tiene que poseer cierta capacidad de prestar atención y de mantener información en la mente.
—Usted describe la mente como si fuera una máquina. ¿Queda espacio para el libre albedrío?
—Bueno, el cerebro es muy parecido a una máquina. Si uno piensa en términos neurofisiológicos, no parece haber mucho lugar para el libre albedrío.